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Yulia Navalnaya, mujer del opositor ruso encarcelado Alexéi Navalni. Foto: Getty.

Yulia Navalnaya, la enemiga número uno de Vladímir Putin

Mientras el frágil estado de salud de su marido, el opositor ruso encarcelado Alexéi Navalni, mantiene al mundo en vilo, su mujer se ha convertido en un símbolo de la oposición a Putin en Rusia. Después de refugiarse en Alemania, muchos se preguntan si decidirá emprender una carrera política propia para desafiar al Kremlin.

Ixone Díaz

Después de tres semanas en huelga de hambre, el líder opositor ruso Alexéi Navalni fue trasladado el lunes a un hospital para reclusos donde recibirá atención médica después de que su entorno haya expresado su temor de que "pueda morir en cualquier momento". Mientras el caso sigue alimentando la tensión de Rusia con la Unión Europea y Estados Unidos, la mujer del opositor se ha convertido en un símbolo de resistencia y estoicismo frente el gobierno de Vladímir Putin. La semana pasada, Navalni recibió su visita en prisión. Y como viene haciendo desde hace meses, Yulia Navalnaya lo contó con todo detalle a través de su cuenta de Instragram. Su historia recuerda poderosamente a la de la opositora bielorrusa Svetlana Tikhanovskaya.

Navalnaya explicó que el opositor (que en ese momento llevaba 13 días sin ingerir alimentos) estaba tan débil que tuvo que tumbarse varias veces mientras hablaban a través de un teléfono instalado en la sala de visitas de la prisión. También denunció que la dirección de la cárcel le estaba negando el derecho a la asistencia médica. A pesar de todo, explicó que Navalni, que ha perdido 17 kilos en las últimas semanas, se mostró "tan alegre y divertido" como siempre. "Simplemente, es el mejor. Todo saldrá bien", concluía Navalnaya, que acompañó la crónica de su encuentro con una imagen suya en el exterior de la cárcel.

Desde que el pasado mes de agosto Navalni enfermera durante un vuelo tras haber consumido un té envenenado con el agente tóxico Novichok, su mujer se ha convertido en su defensora más visible y beligerante. Primero, luchó para que su marido fuera trasladado a Alemania para recibir tratamiento. Y en enero, cuando su recuperación ya se había completado, volvió junto a él a Rusia, donde Navalni fue detenido en el control de pasaportes del aeropuerto. "Alexéi no tiene miedo. Yo tampoco. Y vosotros tampoco debéis tenerlo", escribió entonces en Instagram, donde ha ido documentando todo su periplo.

Unos días más tarde, el opositor fue sentenciado a dos años y ocho meses de prisión por violar la libertad condicional que se le impuso en 2014. "No estés triste. Todo irá bien", le gritó a su mujer desde el habitáculo de cristal en el que asistió al juicio. Hasta 7.000 personas fueron arrestadas durante las manifestaciones en protesta por la sentencia. La propia Yulia fue detenida, multada y puesta en libertad unas horas después. Y en febrero, decidió abandonar Rusia para instalarse en Alemania por tiempo indefinido.

Hija del prestigioso científico Boris Alexandrovich Abrosimov, conoció a Navalni mientras estaba de vacaciones en Turquía en 1998. Se casaron, tuvieron dos hijos y mientras él se convertía en un famoso opositor al Kremlin (primero como bloguero y más tarde, con su propio partido político) ella siempre se mantuvo a su lado, apoyando su causa. Pero el peaje que ha tenido que pagar ha sido demasiado alto. La pareja lleva años soportando ataques, presiones y vigilancia constante, pero también denuncias presuntamente fabricadas por el gobierno ruso por las que Navalni fue juzgado y condenado en 2014.

Aunque algunos rumores apuntan a la Yulia podría perseguir una carrera política propia y presentarse a las próximas elecciones legislativas, de momento no ha dado ningún paso en ese sentido, más allá de denunciar y documentar en Instragram el calvario de su marido. Pero eso no ha evitado las comparaciones con Svetlana Tikhanovskaya, mujer del opositor bieloruso Sergei Tikhanovsky, que después de que este fuera encarcelado se convirtió en candidata a las elecciones presidenciales, aunque finalmente tuvo que refugiarse en Lituania cuando Alexander Lukashenko revalidó su mandato.

El precedente no es demasiado halagüeño para ella. Pero Navalnaya no necesita emprender una carrera política para ejercer su oposición contra Putin. Ella ya es un símbolo. Y por eso es tan peligrosa e incómoda para el Kremlin.

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