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Crédito: Getty.

Wendy Sherman, la super diplomática y ex trabajadora social que debe evitar la guerra entre Rusia y Ucrania


Es una de las diplomáticas más poderosas del mundo y por eso, Joe Biden la ha escogido para tratar de poner freno a la tensión entre Rusia y Ucrania que amenaza con el estallido de un conflicto armado en Europa. Si alguien puede evitarlo, esa es Wendy Sherman.

Ixone Díaz

Sus credenciales le preceden: capaz de hacer que Irán o Corea del Norte se sienten en una mesa, negocien durante meses y firmen un acuerdo para evitar la escalada nuclear, la norteamericana Wendy Sherman es, desde hace casi tres décadas, una de las estrellas indiscutibles de la diplomacia mundial. Y ahora, en un escenario en el que Vladimir Putin ha enviado a 100.000 soldados a la frontera con Ucrania despertando el temor de la comunidad internacional porque se desate un guerra entre los dos países, Sherman, de 71 años, actual vicesecretaria de estado y número dos de la diplomacia estadounidense, vuelve a la primera línea para tratar de evitar el desastre.

Conocida por su apodo 'silver fox' (en referencia a su plateada melena), los analistas especializados en relaciones diplomáticas dicen que si alguien puede evitar un enfrentamiento armado, es ella. Sherman no tiene el típico currículum diplomático. De hecho, estudió Trabajo Social y después de licenciarse, trabajó ayudando a niños en acogida en Baltimore. Después, más volcada en la gestión para promover viviendas sociales en la ciudad, fue adquiriendo un perfil cada vez más político. Se afilió al partido demócrata, trabajó en el Congreso y terminó aterrizando en el Departamento de Estado en tiempos de la administración Clinton, cuando Madeleine Albright era la jefa de la diplomacia norteamericana. Desde entonces, cada vez que los demócratas han llegado a la Casa Blanca, Sherman ha formado parte de sus gobiernos mientras iba granjeándose una reputación de negociadora tan astuta como implacable.

En la era Clinton, Sherman consiguió un acuerdo para frenar la escalada nuclear de Corea del Norte y con Obama en la Casa Blanca, logró un histórico acuerdo para la desnuclearización de Irán cuyas complejísimas negociaciones multilaterales se extendieron durante más de 20 meses.

Curtida en todo tipo de conversaciones al más alto nivel, se ha ganado a pulso una reputación de negociadora táctica y racional, poco amiga de los sentimentalismos, siempre correcta, algo intensa y tan admirada como temida. "Como diplomática y negociadora, generalmente no abordo este tipo de situaciones sobre la base de la confianza. Intento respetar el hecho de que otros países tienen sus propios intereses y que esos intereses pueden ser diferentes a los nuestros, y tratar de comprenderlos", explicó Sherman esta misma semana en Ginebra sobre cómo afronta este tipo de negociaciones.

Su misión no es sencilla: las relaciones entre Rusia y Estados Unidos atraviesan un momento particularmente crítico (Biden llamó "asesino" a Putin en marzo del año pasado) mientras la escalada entre Rusia y Ucrania preocupa a nivel global y podría desencadenar en una guerra. "Nadie manda 100.000 soldados a la frontera de otro país para hacer maniobras", ha dicho Sherman. Afanada en su tarea de evitar un conflicto armado, la diplomática lleva toda la semana encadenando reuniones en la OTAN, pero también con su homólogo ruso, Sergéi Riabkov, que ha dicho de ella: "Las conversaciones han sido difíciles, largas, muy profesionales, concretas y sin intentos de disimular los aspectos más conflictivos". Una descripción que se ajusta como un guante a la reputación de la diplomática estadounidense, a la que solo queda desearle suerte.

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