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Jennifer Lopez durante la SuperBowl. Crédito: Getty.

'Twerking' y feminismo: así se ha convertido en su baile insignia

¿Por qué tantas feministas han hecho del perreo su insignia? ¿Cuál es la razón por la que tantos creen que el twerking es machista? Reflexionamos sobre ello.

Somos conscientes de que en los Juegos Olímpicos de Tokio el perreo no tendrá cabida. También sabemos que Amelia Varcárcel no se habría imaginado a sí misma bailando un tema de Bad Bunny, pero también que cuando Annie Lennox aseguró que el twerking es el enemigo del feminismo, se equivocaba. El perreo se ha convertido en el baile preferido del feminismo pese a que habitualmente reitera la heteronorma y parte de una mirada binaria de género.

Si como Lennox también crees que el twerking es un baile machista, has de saber que Hénar Álvarez, que calienta las ondas radiofónicas con sus discursos feministas en Buenismo Bien, y Noemí López Trujillo, reportera feminista y autora de 'El vientre vacío', lo practican. La artista Fannie Sosa reivindica el twerk como estrategia anticolonial y Beyoncé menea sus curvas ante un luminoso que reza Feminist. Paren las máquinas: ¡el twerking no solo no es machista, sino que es el nuevo aliado del feminismo!

¿Cómo se ha convertido el baile más sensual del momento en el tango del feminismo?

"Para mí no es tanto que lo haya elegido por considerarlo feminista, sino porque me gustaba. Siempre me ha gustado bailar reggaeton y twerk, me recuerdo de preadolescente bailándolo, y viviéndolo como algo culpable por ser considerada una música machista. Supongo que habrá muchas feministas que lo hayan vivido como yo: les encanta bailar pero nos dijeron que lo empoderador era hacer crossfit o boxeo, que son deportes masculinizados y, por tanto, con estatus. Ahora, gracias a bailarines como Jack Gómez, ese techo se empieza a romper y han conseguido popularizar en el ámbito deportivo una danza de las clases populares", explica Noemí López Trujillo.

“Curiosamente, cuando se habla de que el twerk es machista se juzga y se habla solo de la posición de la mujer en este baile, y esto lo único que hace es invisibilizar al resto de personas que bailamos y desarrollamos este estilo. Creo que poco a poco estamos rompiendo con todas estas barreras. Claramente esto no es algo que pase de un día para otro, pero estamos construyendo algo y el twerk es una herramienta para lograrlo. Es un baile para ti, pero también para compartir con tus compañeras. Por eso siempre digo que antes de juzgarlo, lo mejor es que lo pruebes, que vengas a divertirte y a compartir un poco de lo que eres”, aclara Jack Gómez.

Un oasis sin prejuicios

Jack es el creador de Revolution Place, un templo del twerking que es el que ha unido a Hénar Álvarez con Trujillo. Si la velocidad te marea, verlas bailar en los vídeos que suben a sus redes sociales te causará el mismo efecto que recorrer Despeñaperros pisando el acelerador a fondo de un Porsche Panamera. Ambas hablan del estudio como de "un estudio seguro".

"Una de las frases que más repite Jack Gómez es que no te digas a ti misma lo que nunca le dirías a una amiga. Es una persona que no hace body shaming, que promueve mucho la diversidad y que, junto a Julio, procura que el espacio en el que estamos sea seguro para todes, sin importar quién eres pero sin dejar de tener en cuenta las vulnerabilidades específicas que puedes tener en base a tu orientación, tu identidad de género o tu etnia", explica Noemí.

"Seguimos viendo asesinatos racistas, machistas, palizas a personas LGTBIQ+, y sufriendo mucha discriminación. Pero cuando bailas twerk, estás en un espacio donde todes buscan reivindicarse y ser libres: en mi escuela no hay espacio para los prejuicios, ni para juzgar a las demás personas, pero tampoco para que te juzgues a ti misme con los parámetros con los que te juzga esta sociedad discriminatoria. Es decir, en Revolution Place no importa tu talla, tu género, ni tu clase social… Aquí solo importa que disfrutes de ti, de la danza y de las personas que tienes a tu alrededor", explica Jack.

Aprender a amar tu cuerpo: la lección más valiosa

"La mayoría de alumnas que están en la escuela son personas que han tenido una relación conflictiva con su cuerpo. Te cuentan que no están a gusto, que se avergüenzan, les cuesta verse en el espejo y amarse o que al no ser normativas no pueden expresarse abiertamente con su entorno por miedo. Pero de repente llegas a un espacio donde te das cuenta que puedes vestirte como quieras, expresarte como quieras y bailar como quieras y te cambia la vida, te cambia la forma de ver tu cuerpo, te reconcilias con él y aprendes a amarlo. Es curioso ver cómo la mayoría, en sus primeras clases, vienen con ropa larga, holgada, como ocultándose, no tanto por estilo propio… Y, de repente, pasado un tiempo, empiezan a vestirse de otra manera: les empieza a gustar enseñar algo más carne, o simplemente se ponen ropa más ajustada o más corta para poder ver su técnica bien (poder verte bien el culo, las piernas…). Te das cuenta de que el rechazo al cuerpo deja de existir o, al menos, hay cierto alivio. ¿No es esto algo empoderador? ¿Qué hay de machista en bailar libremente para ti, en sentirte mejor contigo mismo? ¿Qué hay de machista en reconciliarte con tu cuerpo en una sociedad que constantemente nos enseña que la belleza es lograr una perfección inalcanzable?”, se pregunta Jack Gómez.

"En mi caso, tener el profe que tengo y las compañeras que tengo me ha reconciliado con mi cuerpo y con mi autoestima. Es un lugar en el que te sientes libre, sin una competitividad tóxica, donde no todos los cuerpos son normativos", aclara Noemí.

Para finalizar, no podemos dejar de preguntar por qué tanta gente cree que se trata de una disciplina machista. "Siempre se ha entendido que el cuerpo de la mujer es una extensión del deseo masculino, y también una propiedad pública. Bajo esa idea, cualquier baile en el que expresemos nuestra sexualidad parece que es para agradar al macho. Desde una óptica patriarcal, parece que las mujeres tengamos que conquistar espacios masculinizados para ser respetadas, cuando los espacios feminizados y LGTBI, como es el del twerk, también son valiosos en sí mismos y no necesitamos la aprobación externa. No hay algo que demuestre que el twerk o la música asociada al twerk (el reggaeton, que no es la única porque en clase bailamos mucho bounce) no sea machista, pero no significa que lo sea más que cualquier grupo blanco europeo que no tiene ni a una sola artista en sus filas o que compone canciones de amor tóxico”, explica Trujillo.

El que Yo perreo sola, de Bad Bunny, se haya convertido en un himno feminista puede sorprender a a algunos, pero Clara Serra Sánchez, coordinadora y autora de Alianzas rebeldes. Un feminismo más allá de la identidad le dedica todo un hilo en su perfil de Twitter al vídeo y a la canción. "Habla de tías que se lo pasan bien solas y defiende, desde una música asociada a la masculinidad hegemónica y a la cultura machista, el derecho de las mujeres a perrear sin aguantar a babosos. No ridiculiza lo femenino, ni cuando representa distintas estéticas de feminidades subversivas (como lo son la cultura femme, drag, bdsm o trans) ni cuando representa la masculinidad vestido de rosa y entre flores ni cuando hace aparecer a muchas otras diversas mujeres", explica.

En resumidas cuentas, el twerking per se no es un baile feminista, pero si su práctica nos enseña a relacionarnos con nuestro cuerpo de una manera menos dolorosa, ¿por qué no vamos a darle al perreo una oportunidad y por qué vamos a sentirnos mal al hacerlo?

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