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Foto: Getty.

Tres objetivos financieros para cumplir antes de los 30, los 40 y los 50 años

Cada etapa vital tiene unas necesidades financieras diferentes. Con esa idea en mente, conviene planificar cuáles son nuestros objetivos de inversión y ahorro para mantener nuestras cuentas saneadas y planificar una estrategia financiera inteligente.

Elena de los Ríos

Las preocupaciones por el dinero están cada vez más presentes en nuestras vidas. De hecho, España es el segundo país con mayor estrés financiero, superado únicamente por Italia: según un estudio del banco N26, el 65% de los españoles declara sentirse estresado al revisar el balance de su cuenta bancaria. Más aún: un 88% teme que rechacen su tarjeta de crédito y un 86% el incumplimiento del pago de la hipoteca. Según un reciente estudio de Cigna, el estrés financiero puede impactar directamente en la salud de las personas provocando insomnio, depresión, alteraciones del sistema inmune o problemas cardiovasculares, entre otras afecciones. ¿Cómo podemos mantenerlo a raya? Como suelen decir los expertos, planificando. Eso implica calcular cuánto dinero necesitas para la jubilación, saber cuánto deberías tener ahorrado según cada franja de edad, pero también plantearse una serie de objetivos financieros en función de la etapa vital que estés viviendo.

Controlar la incertidumbre es clave para controlar el estrés y, en las cuestiones de dinero, una actitud inteligente. Prever las necesidades y adelantarse a ellas nos permite alcanzar ese bienestar financiero que se ha convertido en esencial.  Los expertos de Mapfre proponen una serie de objetivos para cada franja de edad que nos van a ayudar a conseguirlo. Al cumplir la mayoría de edad y durante la veintena, lo ideal es afianzar el hábito de ahorro y comenzar, inmediatamente, a invertir con la perspectiva del largo plazo. Dejemos que el interés compuesto convierta los pequeños ahorros en grandes sumas en 40 o 50 años.

Rondando los 30 deberíamos tener un colchón de emergencia suficiente y una previsión de metas financieras. Es el momento de firmar la hipoteca, matricularse en ese master internacional que nos tienta o una estrategia de inversión a medio plazo que nos parezca interesante: son los años de mayor retribución profesional.

A los 50 toca afianzar las rentas y, por tanto, disminuir el riesgo de las inversiones en renta variable. Ahorraremos un poco menos, sobre todo si tenemos familia, pero a los 60 volverá a aumentar el ahorro, a tiempo para preparar la jubilación. A lo largo de las décadas, la clave está en consolidar el hábito del ahorro: es la red que nos recogerá cuando aprieten las circunstancias.

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