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¿Tendríamos una guerra en Europa si dos mujeres fueran presidentas de Rusia y Ucrania?

Ni Rusia ni Ucrania cuentan con mujeres en posiciones de claro liderazgo político. En un escenario de guerra en el corazón de Europa, nos planteamos si los conflictos bélicos dependen, también, del género de quienes los lideran. Un estudio responde a la eterna pregunta.

Elena de los Ríos

Es la eterna pregunta: ¿sería mejor el mundo si lo gobernaran mujeres? ¿Más solidario, pacífico y justo? Y ahora, en el contexto de una nueva guerra en el corazón de Europa, volvemos a plantearnos una cuestión clásica. En 2014, Barack Obama lo afirmó sin dudar: "Si hubiera más mujeres al mando, habría menos guerras, los niños estarían mejor cuidados y aumentaría el bienestar general". Los estudios, sin embargo, le contradicen. Sin entrar en disquisiciones filosóficas, con los datos que nos provee la propia realidad, ya podemos contestar que las presidentas y primeras ministras impulsan soluciones agresivas, incluso militares, con más facilidad que los hombres. O al menos eso es lo que afirma un estudio de las investigadoras Abigail S. Post y Paromita Sen publicado en la revista 'International Interactions 'en 2020 así lo demuestra.

En las disputas entre estados, existe una mayor probabilidad de reciprocidad en el enfrentamiento si uno de los liderazgos es femenino. Algo que tiene mucho que ver con el estereotipo que marca a las mujeres como débiles e incapaces de tomar decisiones arriesgadas y agresivas. Siguiendo con los presidentes, Richard Nixon ilustró perfectamente este tipo de creencia sexista. "Ninguna mujer debería tener ningún tipo de cargo en el gobierno. De ninguna manera. La razón principal es su comportamiento errático y emocional. Los hombres también lo son, pero las mujeres en mayor medida", afirmó en 1971. En 2004, un estudio de la investigadora estadounidense Jennifer L. Lawless publicado en Political Research Quaterly desveló que el 61% de los encuestados pensaba que los hombres estaban más capacitados para liderar una respuesta militar a una crisis que las mujeres.

"Si hubiera más mujeres al mando, habría menos guerras", ha dicho Barack Obama.

Este sesgo oculto nos afecta a todos, también a los presidentes de los países que no dudan en responder agresivamente en un conflicto entre estados si enfrente tienen a una presidenta: creen que ella no va a saber responder. Sin embargo, como demuestra la investigación de Post y Sen, es en esta circunstancia cuando las líderes se ven en la tesitura de romper con el mandato de género y responder con la firmeza y agresividad que les hurta el sexismo. Las mujeres con poder tienen un 17% más de probabilidades de escalar militarmente una disputa que sus equivalentes masculinos, según el análisis de conflictos internacionales suscitados entre 1980 y 2010. Fueron presidentas impelidas a las armas también para sortear el estereotipo de la líder débil Indira Gandhi, Benazir Bhutto o Gloria Macapagal-Arroyo, casos que demuestran que el sexismo de las estructuras de poder pesa a la hora de tomar decisiones tan graves como acudir a la violencia para resolver un conflicto.

Las investigaciones sí respaldan a Obama cuando demuestran que las mujeres implementan más políticas para la paz que los hombres en sus mandatos, pero nada pueden hacer estas líderes si las estructuras que las sustentas continúan impregnadas de las viejas ideas que asignan a hombres y mujeres cualidades distintas. Si el sexismo estructural impele a una primera ministra a actuar con una agresividad mayor para desactivar el estereotipo de la debilidad femenina, ¿qué sentido tiene que pongamos a más mujeres al mando?

Según un estudio, las presidentas y primeras ministran impulsan soluciones agresivas con más facilidad

El estudio de Abigail S. Post y Paromita Sen demuestra, una vez más, que para que existan transformaciones en las instituciones no basta con poner a una mujer al frente, sino superar una masa crítica de al menos un 33% de mujeres con poder en dicha estructura que impulsen los cambios. No se nos puede olvidar, además, que ser mujer no implica ser pacifista. Las mujeres, como cualquier otro individuo, pueden defender todo tipo de ideologías, incluidas las militaristas.

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