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Aprender a decir 'no'. Foto: Getty

Si te cuesta decir 'no' a jefes y compañeros, tienes un problema (pero existe solución)

La tendencia servicial de algunas mujeres a resolver 'marrones' en la oficina se llama Síndrome de Wendy. Un comportamiento con un sesgo de género fuerte, que caracteriza a gente que hace lo que sea para conseguir un ambiente armonioso. Cuidado, puede dificultar tu ascenso.

Elena de los Ríos

¿Eres la primera persona que se menciona para solucionar imprevistos o apoyar en tareas urgentes? ¿Te reconforta responder positivamente cada vez que alguien requiere tu ayuda en la oficina? ¿Pospones tareas que te corresponden al final de tu jornada laboral, porque te suelen caer ‘extras’? Si has respondido sí a estas tres cuestiones, seguramente eres una de esas personas que tienen dificultades para decir 'no' cuando jefes o compañeros de trabajo piden ayuda. En realidad no se trata tanto de echar una mano como de solucionar ‘marrones’ que otros no van a resolver. En otras palabras: no tienen tiempo para asumir tareas que convierten en el gol que pretenden meter en la portería de tu jornada laboral. No te dejes golear.

En el fondo de armario de esta tendencia a solucionar la vida de los demás puede estar, además de una autoestima laboral que necesita un empujón, el síndrome de Wendy. Se trata de un comportamiento con un sesgo de género fuerte, pues caracteriza sobre todo a mujeres que hacen lo que sea para conseguir un ambiente armonioso y libre de conflictos, un trabajo extra que se recompensa con la sensación de sentirse imprescindibles. Si te comportas como una Wendy en la oficina, lo más fácil es que la sobrecarga de tareas termine quemándote y no tengas otra salida que buscar otro trabajo en el que, si no eres consciente de este patrón, puede ocurrirte lo mismo.

El síndrome de Wendy afecta a las mujeres que hacen lo que sea para conseguir un ambiente armonioso

Esta tendencia a ser servicial y a asumir frecuentemente tareas extra dentro de un grupo tiene más contraindicaciones, además de provocar cierta desmoralización cuando jefes y compañeros dan por supuesta este plus y ya no se recibe su agradecimiento. También se oculta con este esfuerzo añadido la necesidad de reforzar plantillas o de distribuir el trabajo de forma más equitativa, con el peligro añadido de parchear fallas que pueden ser estructurales. Además, la persona que se termina convirtiendo en el comodín por su capacidad para asistir y asumir puede tener más dificultad para ascender. Su actitud puede interpretarse como falta de ambición y hasta puede que se bloquee su desarrollo profesional ante la dificultad para sustituirla.

Podemos aprender varias técnicas para decir 'no' que no van a provocar ninguna situación incómoda y que, a poco que las practiquemos, nos saldrán de manera natural. La más elegante es la técnica del sandwich. Tiene tres capas o fases:

-Agradecemos a la persona que solicita ayuda que haya pensado en nosotros.

-Brevemente, damos la razón por la que no podemos responder positivamente (“Ahora mismo estoy a tope de tareas”, por ejemplo).

-Cerramos con otro comentario positivo, por ejemplo: “Me encantaría colaborar en un futuro, ojalá de una manera más formal”.

Si la persona que nos pide asistencia es un jefe, podemos acudir a técnicas algo más evasivas. Una de ellas es la del aplazamiento: no negar en principio la ayuda, pero tampoco confirmarla con seguridad. Por ejemplo: “Sí, no hay problema en echar una mano, pero espera que mire la agenda porque tengo que comprobar lo que tengo planificado para esta tarde”. Una alternativa más profesional es la técnica de la alternativa: proponer a otra persona para asumir esa tarea extra o solicitar expresamente permiso para un cambio de prioridades. Por ejemplo: “Claro que puedo hacerme cargo de X, siempre que tengas en cuenta que no podré terminar Y como me habías pedido”.

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