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Las tres protagonistas de 'Sky Rojo'. Foto: Tamara Arranz.Netflix

Sky Rojo, la nueva serie viral de Netflix: ¿frivolización de la prostitución o empoderamiento de la mujer?

Con protagonistas como Verónica Sánchez o Miguel Ángel Silvestre, la serie abre el debate sobre la prostitución con sus intrahistorias llenas de adrenalina y también de polémica. Y ya sabemos que habrá segunda temporada.

Paula Llorente

"No ganamos en siderurgia, no ganamos en minería, pero ganamos en putas". Con esta lapidaria frase, Romeo -el proxeneta del club donde se desarrolla la serie-, nos da la bienvenida a Sky Rojo, la nueva producción de los creadores de La Casa de Papel que promete situarse entre las series más vistas de una primavera llena de estrenos con grandes personajes femeninos.

Intrahistorias de un burdel convertido en campo de tiro desde el segundo inicial sirven de precepto y gancho de una serie no exenta de polémicas. La crítica ya se ha preguntado si la creación de Álex Pina y Esther Lobato está blanqueando, a través de la espectacularización de la violencia, la trata de mujeres, pero sus creadores y protagonistas difieren en el análisis.

 


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España, el país con mayor demanda de prostitución en Europa y tercero en el mundo, sigue cerrando las puertas al debate sosegado sobre esta lacra, convirtiendo su puesta en escena en la ficción en un campo al alcance de muy pocos. Amante conocido de Quentin Tarantino, Pina ha hecho del prostíbulo un reducto de historias personales, desgarradoras, emocionantes, sangrientas y frenéticas.

La perfecta representación de la relación entre los proxenetas y sus esclavas sexuales hace que la huida de Gina, Coral y Wendy (Lali Espósito, Verónica Sánchez y Yany Prado) se convierta en una jugada maestra llena de subrepticios movimientos donde la vida y la muerte rozan una línea muy fina. Asesinatos, deudas, traiciones familiares, venganzas personales y drogadicción son el día a día de las tres protagonistas, tres prostitutas engañadas que escapan del yugo de sus secuestradores en tacones y sin echar la vista atrás.

Con historias personales completamente diferentes, las tres protagonistas luchan por un vida nueva sin final

Coral: una vida llena de contradicciones

"Soy la puta favorita de un proxeneta, antes era ama de casa y, antes de eso, bióloga", así explica Coral (Verónica Sánchez) cómo ha sido su vida desde que cayó en las garras de Romeo (Asier Etxeandia). Convertida en el producto más preciado del local y enamorada de uno de sus raptores, Moisés (Miguel Ángel Silvestre), el papel elegante y refinado que le toca jugar durante su larga jornada laboral se desmorona por completo con cada pastilla, estimulante o pinchazo que se autoreceta en búsqueda de un sueño eterno con el que salir de la pesadilla.

Gina: una deuda impagable

Llegada desde Cuba con un pasaporte robado, para darse de bruces con la realidad. Con un puesto de ‘camarera’ esperándola, sus deudas se acumulan diariamente con los capos del lugar, que, por si fuera poco, sabedores de la soledad de Gina (Yany Prado), aprovechan su falta de autoestima para revestir su relación comercial. La dependencia es atroz, con una familia al otro lado del charco que, sin ella saberlo, la vendió para poder sobrevivir gracias al dinero que les llega por su explotación en el club.

Wendy: traición por amor

El amor lo es todo para ella. Tanto que incluso acepta el puesto para conseguir unos ahorros prometidos que le permitan mirar al futuro junto a su pareja. Wendy (Lali Espósito) se mantiene firme en los momentos más complicados, con un carácter implacable donde lo políticamente correcto se pierde en una marabunta de emociones.

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