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El síndrome de Wendy también es cosa de hombres

Se desviven por los que tienen alrededor (sus Peter Pan) de una forma enfermiza, hasta el punto de olvidarse de sí mismas. Son las personas heridas por el síndrome de Wendy. Y aunque todavía lo padecen más mujeres que hombres, el siglo XXI ha dado al traste con los roles de género: ellos también pueden ser Wendy... aunque no está bien visto que ellas sean Peter Pan.

Sergio Muñoz

Cuando Wendy llega al País de Nunca Jamás, enseguida se pone a cargo de la situación. A pesar de ser solo una niña se convierte en la adulta que se encarga de todo: de cuidar de los niños perdidos y de ser la conciencia que intenta que el inmaduro Peter Pan asuma sus responsabilidades. Poco podía imaginar hace más de cien años el escritor escocés J. M. Barrie, creador del universo de Peter Pan, que sus personajes darían nombre a dos síndromes bien entrado el siglo XX. Y que llegado el siglo XXI, también mutarían. El síndrome de Wendy y de Peter Pan son trastornos arquetípicos: al igual que ocurre con el síndrome de la impostora, el primero afecta más a las mujeres y el segundo, a los hombres. Pero con la transformación de los roles de género de las últimas décadas, los límites se han desdibujado.

El síndrome de Wendy fue descrito por el psicólogo estadounidense Dan Kiley hace ya cuatro décadas. Después de trabajar con jóvenes conflictivos, en 1983 publicó el libro 'El síndrome de Peter Pan'. ¿La tesis? Kiley se dio cuenta de que los jóvenes a los que ayudaba seguían un patrón: se negaban a aceptar las responsabilidades que conlleva ser un adulto. El libro, hoy todo un clásico de la psicología, se convirtió en un 'best seller'.

Tras el éxito de ese trabajo, Kiley publicó la otra cara de la moneda, 'El dilema de Wendy', dedicado a ese perfil femenino que trata a su pareja como si fuese su hijo adolescente y destila una dedicación absoluta, enfermiza y extenuante a la familia nuclear. Se adueña de las responsabilidades de los demás y lo hace con abnegación por miedo al rechazo y debido a una baja autoestima.

La persona que padece el síndrome de Wendy se adueña de las responsabilidades de los demás y lo hace con abnegación por miedo al rechazo y debido a una baja autoestima.

Las causas del síndrome de Wendy son diversas. "Por lo general, la persona que lo padece ha tenido una carencia de figuras adultas de referencia. Por ejemplo, padres ausentes, enfermos, con adicciones, etc. Esta circunstancia le condujo a asumir responsabilidades de adulto", explica Regina Insa Martínez, psicóloga, psicoterapeuta y coach de la web Mundopsicologos.com. Aunque, según la especialista, la causa también puede ser la contraria, "haber padecido una situación de sobreprotección, donde la autonomía y la independencia de la persona se vieron bloqueadas. Estas situaciones hacen que Wendy sienta que existe y vale como ser humano en tanto que haga cosas por el otro. La mirada del otro es la que le valida como ser".

Aunque Kiley presentó ambos síndromes como polos opuestos que se atraen -un Peter Pan siempre busca a una Wendy y viceversa-, no siempre es así. "El síndrome de Wendy no está necesariamente vinculado con una persona con el complejo de Peter Pan. No han de ir juntas, aunque sí coexisten determinados rasgos de carácter: poca actividad, proactividad, se dejan hacer, poco exigentes, poco ordenados y sin hábitos marcados, flexibles, despistados, etc.", explica Martínez.

¿Cómo podemos saber si padecemos el síndrome de Wendy? La psicóloga ofrece algunas características principales de las personas que lo sufren:

- "Si tienes una excesiva preocupación y dedicación por que las cosas de los demás salgan bien, estén bien, porque no les falte de nada".

- "Si en ese interés te olvidas de ti, de tus necesidades, de tus deseos y si sientes que, si no estás tú, todo saldrá mal (llegarán tarde, fracasarán, no sabrán, etc.)".

- "Si sientes agotamiento por estar pendiente de todo, de todos, por ser imprescindible, porque no hace falta que nadie pida nada, ni nadie te da las gracias por nada. Siempre estás tú, pendiente para que todo salga bien. Y si no haces todas esas cosas, te dejarán de querer".

Los padres Wendy

Kiley definió los síndromes de Wendy y Peter Pan allá por los años 80, pero décadas después, algo parece haber cambiado y los roles de género asignados a cada uno de estos trastornos se han desdibujado. O se han tensionado. Los expertos coinciden en que el síndrome de Wendy tiene un trasfondo cultural: las mujeres son las que, tradicionalmente, se han encargado de los cuidados de los miembros de la familia, de ahí que sea un problema más unido a las mujeres. De hecho, la ONG Oxfam Intermón ha contabilizado que las mujeres realizan 12.500 millones de horas diarias de trabajo no remunerado, muchas de ellas dedicadas a los cuidados.

Sin embargo, con el avance de la igualdad entre sexos, el síndrome de Wendy, aunque sigue siendo mayoritario entre las mujeres, ha dejado de ser exclusivo de ellas. "Culturalmente, es un síndrome más presente en la mujer y con el avance de la educación igualitaria, puede surgir en cualquier persona. Por ejemplo, un padre puede sufrirlo con sus hijos: sería el padre que hace los deberes de sus hijos por miedo a que suspendan y su futuro se comprometa", afirma Martínez.

Con el avance de la igualdad entre sexos, el síndrome de Wendy, aunque sigue siendo mayoritario entre las mujeres, ha dejado de ser exclusivo de ellas.

Hay hombres que pueden ser Wendy, pero, ¿hay mujeres que pueden sufrir el síndrome de Peter Pan? Desde luego que sí, pero algunos autores añaden matices. Silvia Herreros de Tejada es una de las mayores especialistas del mundo en J. M. Barrie, el inventor de Peter Pan. En su libro 'La mano izquierda de Peter Pan' (Espasa), una mezcla de novela y biopic del autor escocés, asegura que la sociedad es permisiva con los hombres que se comportan como adolescentes, pero no lo tolera en las mujeres y tiende a rechazar a aquellas que tienen comportamientos juveniles llegadas a cierta edad.

El 'problema' de las supermujeres

El psicólogo Antoni Bolinches va un paso más allá y, en su ensayo 'Peter Pan puede crecer' (Grijalbo), señala que el avance social y la independencia que han conseguido las mujeres en las últimas décadas ha provocado que haya más hombres que nunca con el síndrome de Peter Pan. Son hombres que se sienten perdidos y que no saben asimilar que ha llegado el momento de tender unas relaciones de género más igualitarias.

Una consecuencia de esto es lo que Bolinches ha desarrollado en otro ensayo, 'El síndrome de la supermujer': tras analizar a 112 mujeres de éxito, el terapeuta se dio cuenta de que la mayoría había tenido problemas para encontrar pareja. "Mientras que en el caso de los hombres se da una correlación directa entre mejora personal y éxito amoroso, en el caso de las mujeres suele ocurrir lo contrario. Por tanto, la hipótesis que planteo es que cuanto más éxito tiene una mujer en su proyecto de realización personal más difícil les resulta establecer relaciones amorosas satisfactorias", dice Bolinches. Wendy y Peter Pan también se han adaptado al siglo XXI.

 

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