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Montaje. Crédito: Getty.

Síndrome del' boreout': qué hacer cuando el aburrimiento se hace fuerte en el teletrabajo

Existía antes de que el teletrabajo se hiciera omnipresente, pero ahora que trabajamos en casa o tenemos una semana híbrida se acentúa: el síndrome del 'boreout' o el aburrimiento crónico amenaza como nunca. Pero hay formas de evitarlo.

Por Elena de los Ríos

Tiene que ver con la monotonía, la soledad y la ausencia de retos diarios, y los psicólogos ya detectan que estamos ante uno de los efectos secundarios más molestos del teletrabajo. De hecho, el síndrome del 'boreout' (o aburrimiento crónico) puede llegar a convertirse en un malestar tan insoportable que nos lleve a renunciar y a buscar un nuevo trabajo que nos dé vida. Antes de hacerlo, conviene analizar bien lo que nos pasa. Si el descontento procede del aburrimiento, podemos combatirlo.

Los psicólogos de la plataforma Ifeel definen el síndrome del 'boreout' en negativo: como lo contrario a sentirse motivado, inspirado, productivo, conectado con los objetivos planteados y correctamente orientado a las tareas necesarias para alcanzarlos. "Debemos entenderlo como un patrón de aburrimiento crónico en el trabajo que puede experimentarse a todos los niveles: mental, porque disminuye la atención y el análisis de los estímulos se vuelve superficial; emocional, por la desmotivación y la apatía; físico y postural, que se detecta en la falta de energía, en la postura floja y desmadejada; y comportamental: como estamos desmotivados y nada engancha nuestro interés, picoteamos de aquí y de allá, nos levantamos cada dos por tres, chateamos con los compañeros o entramos en redes sociales".

Es un patrón de aburrimiento crónico que afecta a todos los niveles: mental, emocional, físico y comportamental.

Aunque explicamos el síndrome del 'boreout' comparándolo con el aburrimiento, eso no quiere decir que la persona aburrida esté relajada o descansada: en realidad, suele sentir intranquilidad e inquietud por la sensación de que el tiempo no pasa ni se logra ser productivo. De hecho, no poder hacer nada puede provocar gran tensión o irritabilidad. Además, se trata de un malestar que suele vivirse en silencio y de manera disimulada: admitir que te aburres en el trabajo suele ser interpretado como falta de motivación, de interés, de valía profesional o incluso de vagancia. Incluso puede señalarte como trabajador prescindible, cuando en realidad podemos estar ante un error en la supervisión o en la asignación de tareas.

El equipo de psicólogos de ifeel comparte dos recomendaciones para atajar el problema o, al menos, comenzar a hacerle frente. "Lo primero es cambiar de actitud. Es el trabajador quien primero tiene que afrontar su situación. Le ayudará observar el trabajo de una manera realista y no exigirle más de lo que puede dar, y también poner toda la energía, esfuerzo y atención en las tareas, sin conformarse con resultados superficiales. Además, puede comunicarle a su superior la situación, de manera que pueda reevaluar la metodología de trabajo y distribuir de manera eficaz y autocrítica las tareas, funciones y responsabilidades entre los diferentes miembros del equipo".

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