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El cuartel del mar. Foto: cedida

¿Te imaginas comer en un faro? ¿Y en un cuartel? Seis restaurantes insólitos (y deliciosos)

Un antiguo cuartel de la Guardia Civil frente a la playa, un faro del siglo XVIII o en un vagón de tren. Desde Lanzarote hasta Girona recorremos la geografía española en busca de los restaurantes más pintorescos donde pasar una velada inolvidable. Y no solo por su gastronomía.

Carolina Rodríguez

Si estás cansada de los restaurantes de siempre,  ya te hemos hablado de esos locales que fusionan arte y gastronomía, de los restaurantes tropicales y de los que te permiten viajar sin salir de la ciudadAhora que comer se ha convertido en una experiencia, puedes hacerlo en sitios tan espectaculares como el mirador de César Manrique o una casa de bombas (y no, nos referimos a las de la Guerra Civil). La comida, cariño, es lo de menos.

1. El cuartel del mar (Cádiz)

Cuando funcionaba como cuartel de la Guardia Civil, hasta 1979, era un drama que te enviaran allí: estaba apartado del mundo y reinaba la soledad. Hoy todo el que visita este paradisíaco lugar querría quedarse a vivir allí. Situado en primera línea de la impresionante playa de la Barrosa, en Sancti Petri, este lugar privilegiado tiene un pasado histórico curioso: los carabineros tenían como objetivo vigilar las fronteras, el contrabando y las playas. En la actualidad, una impresionante reforma lo ha convertido en un local elegante con un diseño integrado en el entorno, lo que le ha llevado a ganar numerosos premios. Su oferta gastronómica incluye platos elaborados a partir del famoso atún gaditano además de una amplia variedad de pescados y carnes. Su selección de cócteles es el broche perfecto para ver el atardecer después de un día de playa.  

2. Far Nomo (Girona)

Situado en lo alto de un acantilado, en el antiguo Far de Sant Sebastià en  Palafrugell, Girona, se encuentra este coqueto hotel-restaurante. Con unas vistas envidiables sobre el mediterráneo, el faro data del siglo XVIII y en la actualidad acoge un restaurante japonés con una amplia carta y una excelente relación calidad-precio. Deja hueco para el postre: su inagotable oferta podrá satisfacer hasta a los menos golosos

3. Mirador del Río (Lanzarote)

César Manrique, artista y arquitecto del famoso espacio "Jameos del agua" en  Lanzarote, es también el responsable de este proyecto singular. El Mirador del Río (un lugar espectacular en el que hay que pagar entrada) encontramos una cafetería integrada en la montaña. Está tan bien acabada que se mimetiza con el entorno dando la impresión de que únicamente hay dos ventanas en medio del paisaje. Sin duda una de las vistas más impresionantes del archipiélago de Chinijo, las islas que hay frente a Lanzarote. La oferta gastronómica es básica –café, bocadillos y tentempiés–, pero ya habíamos avisado que comer es lo de menos. 

4. El vagón de Beni (Madrid)

¿Buscas un plan diferente y romántico? Aquí va una experiencia al más puro estilo Orient Express. ¡Y sin salir de Madrid! Benito Celestino compró este vagón a los desguaces de la Renfe y él mismo lo trasladó hasta Manzanares el Real, en la sierra norte, donde lo reformó. El resultado: el Vagón de Beni, un acogedor restaurante, con muy pocas mesas y luz tenue que invita principalmente a encuentros románticos.

5. La caseta de bombas (Santander)

Y en la capital cántabra podrás disfrutar de una agradable comida ¡sobre bombas! No te asustes, hablamos de bombas de achique del dique de Gamazo, al lado del restaurante y que si te apetece podrás visitar después comer pues están situadas en la planta baja del local. Como su propio nombre indica, se trata de una antigua caseta restaurada y reconvertida en restaurante en el puerto de Santander. Con una variada carta de platos típicos de la zona y producto de cercanía, este restaurante lleva el cantábrico directamente a tu plato.

 

6. Experimental Restaurante (Menorca)

Terminamos como empezamos, en un restaurante que antaño sirvió de cuartel en Llucalari, Alaior, en la isla de Menorca. En esta finca de 30 hectáreas el Grupo Experimental ha desarrollado un complejo de lujo con hotel boutique incluido y restaurante con un aire colonial. La idea del chef Alex Larrea, responsable del restaurante, es crear menús que combinan la tradición menorquina con las distintas culturas que habitan las orillas del mediterráneo: desde la italiana hasta la griega. Como peculiaridad, el menú es diferente para comidas y cenas. Además, dispone de servicio bar de 11 de la mañana a 11 de la noche, con cócteles y vinos a cualquier hora del día. 

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