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Sanna Marin. Foto: Getty

La geopolítica occidental en manos de Sanna Marin, la primera ministra más joven del mundo que puede meter a Finlandia en OTAN

Es la primera ministra más joven del mundo, pero Sanna Marin tiene sobre sus hombros la responsabilidad de tomar la decisión más importante para Europa en los últimos 50 años. Que su país entre o no en la OTAN, es decir, perder su neutralidad frente a Rusia.

Elena de los Ríos

En 2019, Sanna Marin copó las portadas de los medios de comunicación de todo el mundo por una circunstancia inane: su edad. Se convirtió en la primera ministra de Finlandia con 34 años, pero su épica política iba más allá. Nombró un gabinete de coalición con otras cuatro mujeres treintañeras, una alianza de gobierno entre el Partido Socialdemócrata de Marin, la Alianza de Izquierda, la Liga Verde, el Partido Popular y el Partido de Centro. Superó con nota el reto de la pandemia, pero a la salida ha tenido que lidiar con malos datos económicos y críticas por cierta inacción a la hora de avanzar en cuestiones de racismo, inmigración y trato a la población transexual. Todo eso ha quedado ahora olvidado debido a la invasión rusa de Ucrania. Aquí, el papel de Sanna Marin y de Finlandia es clave.

Finlandia tiene más de 1.300 kilómetros de frontera con la Rusia de Vladimir Putin y el recuerdo aún fresco de la ocupación del 17% de su territorio que sufrió durante la II Guerra Mundial. Durante la Guerra Fría, el gobierno finlandés tuvo la inteligencia de imponer su política de "finlandización": una neutralidad inexpugnable para no soliviantar en Moscú. Finlandia quedó fuera del Pacto de Varsovia, de la OTAN o del Plan Marshall y, hasta la disolución de la URSS en 1992, continuó autocensurándose escrupulosamente para no desafiar a su temible vecino. De hecho, en 1995 se incorporó a la Unión Europea, pero lo de acogerse a la protección militar de la OTAN seguía siendo tan innecesario como impensable. Hasta ahora.

Ahora, la finlandización o política de la neutralidad se sugiere como una de las soluciones que pueden terminar con la guerra en Ucrania, pero el país que inventó esta solución de compromiso está listo para darle carpetazo. De hecho, Finlandia amenaza con transformar drásticamente la geopolítica occidental. Todo está en la mano de Sanna Marin, quien debe sopesar si la amenaza rusa es suficientemente factible como para requerir la ayuda militar de OTAN. Lo cierto es que la población finlandesa tiene miedo: un tercio de la población aún es reservista, algunas instalaciones como piscinas o pistas de hielo están diseñadas para ser convertidas rápidamente en refugios antiaéreos y el país cuenta con reservas estratégicas de combustible y grano para al menos seis meses. La huella de la resistencia contra Stalin no se ha borrado.

La población finlandesa tiene miedo. Algunas instalaciones como piscinas o pistas de hielo están diseñadas para convertirse en refugios antiaéreos

En las primeras horas de la invasión de Ucrania, la portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova, amenazó a Finlandia y Suecia con "graves consecuencias militares" si pedían su ingreso en la OTAN. Varios políticos y tertulianos próximos al Kremlin se sumaron los siguientes días a la retórica intimidatoria. La decisión no es fácil, y menos para una mujer sin experiencia en situaciones de máxima tensión geopolítica.

Criada por su madre y la novia de esta en Pirkkala, una población de 20.000 habitantes, Sanna Marin compaginó sus estudios universitarios de Ciencias Administrativas con un trabajo de dependienta en una panadería que consiguió con 15 años. Se afilió al Partido Socialdemócrata poco después de cumplir los 20 y, siete años después, inició su meteórico ascenso al ser elegida concejala de Tampere, la tercera ciudad del país. Quién le iba a decir entonces que en pocos años tendría que tomar la decisión más grave para Europa en los últimos 50 años.

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