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By WomenNow

22, Febrero, 2021

Samira Zargari, entrenadora del equipo de esquí femenino de Irán. Foto: Getty.

¿Por qué todavía un hombre puede impedir a una mujer viajar y disputar un mundial?

Samira Zargari es la entrenadora del equipo de esquí femenino de Irán. Se perderá el Mundial de la competición que se acaba de celebrar en Italia después de que su marido le haya prohibido abandonar el país amparado por una ley iraní. ¿Cómo sigue ocurriendo algo así en 2021?

Es uno de esos titulares que hay que leer dos veces por pura incredulidad. "La entrenadora de esquí de Irán se queda sin ir al Mundial por la prohibición de su marido". Pero describe exactamente la realidad de Samira Zargari, entrenadora del equipo femenino de esquí del país musulmán. Amparándose en una ley local, el marido de Zargari ha conseguido impedir que su mujer viaje a Italia para seguir entrenando a las esquiadoras del equipo nacional iraní en la competición que se acaba de disputar en la localidad de  Cortina d'Ampezzo. Mientras Zargari ha decidido denunciar públicamente su caso y pretende iniciar una campaña para cambiar la norma, las miradas de la comunidad internacional vuelven a estar puestas en Irán y las leyes que permiten casos de discriminación tan sonrojantes como este. La voz de Samira Zargari se suma así a la de grandes mujeres que han reclamado con sus brillantes discursos feministas la igualdad. 

"Siempre se está riendo de mí y de mi equipo", ha explicado Zargari en una entrevista a la agencia AP. Según la entrenadora, el matrimonio está inmerso en un proceso de separación mientras su marido ha iniciado una relación con su mejor amiga. El caso ha sido denunciado por el diario reformista 'Shargh Daily'. Según la legislación iraní, las mujeres casadas no pueden obtener un pasaporte ni viajar al extranjero sin el permiso de sus maridos. Aunque Zargari ha pedido ayuda a la Federación Internacional de Esquí , el organismo ha explicado que, aunque empatiza con la situación de la deportista, no puede interferir en las leyes de ningún país participante.

El problema es que llueve sobre mojado. En 2015, la futbolista iraní Niloufar Ardalan no pudo disputar la Copa de Asia cuando su marido, un conocido presentador de televisión, le confiscó el pasaporte argumentando que la competición coincidía con el primer día de colegio del hijo de la pareja. Unos meses más tarde, un tribunal iraní le dio la razón a la deportista. Obviamente, ya era demasiado tarde. Y hace un año, la luchadora de taekwondo Kimia Alizadeh, única medallista olímpica femenina del país, decidió abandonar Irán para instalarse en Holanda después de denunciar la opresión a la que son sometidas las mujeres en su país.

De momento, solo la presión internacional ha conseguido pequeños avances. Tan pequeños que resultan prácticamente ridículos. Como cuando, en 2019, Irán levantó la prohibición, vigente desde 1981, que impedía que las mujeres asistieran a eventos deportivos con motivo de un partido clasificatorio del Mundial de Fútbol 2022. Solo la amenaza de la FIFA, que amagó con expulsar al país de la competición, surtió efecto. Ahora, Samira Zargari se ha convertido en la última mujer en denunciar los atropello machistas de Irán contra sus deportistas más internacionales. Pero, sobre todo, contra todas y cada una de sus mujeres.

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