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El arte de escuchar. Foto: Getty

¿Sabes escuchar? Los tres niveles de escucha de las líderes que triunfan en los negocios

Saber escuchar resulta clave en el catálogo de habilidades de toda buena jefa. Pero hacerlo bien va más allá de la utilización rutinaria de un sentido de lo más común. Las líderes que triunfan lo trabajan y lo implementan por partida triple. ¿Cómo lo hacen?

Elena de los Ríos

Se ha convertido casi en un sobreentendido en las charlas motivacionales, las instrucciones de coaching y los programas de liderazgo más exclusivos. Saber escuchar, esa función tan automatizada como mal entendida, resulta hoy clave en el catálogo de soft skills que toda buena jefa debe poseer. Podemos implementarla desde la pura intuición de su utilidad y amplitud y prestar una atención extra a los mensajes concretos de nuestro equipo o, incluso, a las conversaciones informales que tanta información extra pueden proveer. Nos quedaríamos, sin embargo, cortas. Muy cortas. Saber escuchar va mucho más allá de la utilización rutinaria de un sentido de lo más común. De hecho, las líderes que triunfan lo trabajan y lo implementan por partida triple.

1. Escucha automática

Este primer nivel de escucha es el que nos acompaña por defecto, el que necesitamos para llevar a término infinitas tareas rutinarias que van conformando el día a día. No busca, en realidad, conectar, sino solo reaccionar internamente a los mensajes que nos llegan. Este tipo de escucha todo se remite al yo: solo nos planteamos cómo nos afectan las palabras de nuestros interlocutores. Es el que utilizan los líderes que siempre responden con información sobre sus propias opiniones, ideas, análisis y experiencias. Resulta útil cuando debemos reaccionar rápidamente en una interlocución, pero no si pretendemos construir una relación de confianza y compromiso en el equipo.

2. Escucha enfocada

Cuando escuchamos a nuestros colaboradores desde este nivel, mantenemos totalmente al margen nuestra propia agenda, metas u objetivos. Nos proponemos conectar claramente con nuestro interlocutor, modulando cuidadosamente nuestro lenguaje no verbal: no perdemos el contacto visual o inclinamos ligeramente el cuerpo para mostrar nuestro interés en sus palabras. Pretendemos captar las variaciones de su tono de voz, la energía de su discurso, su emoción o su vacilación. La atención es máxima, de ahí que la persona que habla se siente respetada, escuchada, apoyada. Desde aquí es fácil establecer una relación de confianza, motivadora y comprometida con el equipo.

3. Escucha global

Este es un nivel de alta sensibilidad, un lugar al que pueden llegar cómicos de stand-up, pues necesitan leer constantemente a su público para modular sus improvisaciones, o los mejores expertos en comunicación política. Se trata de conectar con todos los sentidos, vista, oído, olfato, tacto y hasta la intuición, durante la interacción. Aquí el intercambio comunicacional no es solo racional, sino que está motivado por sensaciones afectivas e incluso energéticas o intuitivas. De esta manera, podemos impactar el estado de ánimo de la interacción, cambiar la onda afectiva e ir adaptando nuestros mensajes para que sean más que convincentes, hasta un alivio.

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