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By WomenNow

27, Octubre, 2021

Crédito: Getty.

Japón y las mujeres: ¿por qué no consigue el país asiático superar el machismo estructural?

La igualdad de género es la principal asignatura pendiente de Japón, donde los casos de machismo flagrante ocupan, a menudo, los titulares de los medios de todo el mundo. El caso de la princesa Mako es solo la punta del iceberg.

Ixone Díaz

La imagen ha dado la vuelta al mundo. Ayer, y después de varios años de culebrón ininterrumpido, la princesa Mako, sobrina de emperador Naruhito de Japón, se casaba con su novio de la universidad, Kei Komuro, cambiando la pompa y el boato de las bodas reales por una austera (y triste) ceremonia civil seguida de una rueda de prensa. Lo hizo así porque al casarse con un plebeyo de origen humilde, Mako tuvo que renunciar a su estatus como miembro de la casa imperial japonesa, pero también a una sustanciosa dote económica.

Después de que su boda fuera anunciada en 2017, más tarde pospuesta y luego ensombrecida por varios embrollos económicos, la princesa, que ha sido diagnosticada con un síndrome de estrés postraumático derivado del culebrón, planea comenzar una nueva vida con su marido en Nueva York.

En realidad, Mako nunca hubiera podido reinar por una razón tan sencilla como arcaica: es una mujer. Y aunque las encuestas indican que los japoneses aprueban las relaciones de los miembros de la casa real con los ciudadanos de a pie o que, incluso, las mujeres puedan llegar a ser emperadoras, una minoría conservadora, pero muy ruidosa, se opone a cualquier avance en este sentido.

Y sin embargo, los problemas de desigualdad dentro la familia real (que por otra parte son habituales en muchas otras monarquías contemporáneas) solo son la punta del iceberg y, en realidad, constituyen el menor de los problemas en lo que a la desigualdad de género se refiere. Y es que, según el informe sobre la brecha de género elaborado por el World Economic Forum, Japón ocupa el puesto número 120 en un ranking de 156 países.

La representatividad política de las mujeres japonesas es uno de los problemas más acuciantes. Con apenas un 9,9 por ciento de mujeres en el parlamento (algo que se replica también a nivel local) Japón ocupa el puesto 165 de 190 en el ranking mundial de representatividad política femenina. De hecho, en las próximas elecciones generales, que se celebran el próximo domingo, apenas un 18 por ciento de las candidatas son mujeres. Las leyes promulgadas en los últimos años por el primer ministro Shinzo Abe para hacer "brillar" a las mujeres hacia puestos de liderazgo no han conseguido revertir la situación. Pero eso ni si quiera es lo peor.

En febrero, el presidente de Tokio 2020, Yoshiro Mori, tuvo que dimitir después de decir que las mujeres hablan demasiado en las reuniones.

Hoy mismo, el diario británico The Guardian, publicaba un reportaje sobre el acoso y el bullying al que se somete a las candidatas, que no solo reciben insultos a través de las redes sociales, sino que, a menudo, son víctimas de tocamientos o insinuaciones sexistas y suelen encontrar, incluso, la oposición de sus propias familias por temor a la presión social. Una realidad que han constatado encuestas con más de 1.200 representantes públicas que, en un 57 por ciento de los casos, afirman haber sido acosadas sexualmente por otros representantes públicos o votantes.

Las causas de esta realidad son diversas: desde un clase política compuesta por sagas familiares y una cultura que evita la confrontación como parte de su protocolo social hasta una sociedad que todavía reproduce costumbres heredadas de la Segunda Guerra Mundial, cuando los hombres dedicaban su vida a sus empresas y las mujeres, a sus familias. La última encuesta nacional sobre trabajo doméstico en Japón indica que las madres realizan 3,6 más tareas en el hogar que los padres, algo que ha derivado en una grave crisis demográfica en el país asiático.

Y luego, está el machismo más tradicional y recalcitrante, como el que hace unos meses exhibió Yoshiro Mori, quien fuera primer ministro de Japón, pero también Presidente de Tokio 2020, que en febrero tuvo que dimitir después de decir que las mujeres "hablaban demasiado en las reuniones y resulta molesto".

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