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Crédito: Getty.

'Signora presidenta': se busca mujer para presidir Italia

A finales de enero, el parlamento italiano votará para elegir al nuevo presidente de la república. Mientras el actual primer ministro Mario Draghi parece el candidato más obvio, un grupo de intelectuales y feministas reclama que la máxima autoridad del estado sea, por primera vez, una mujer.

Ixone Díaz

Aunque la fecha definitiva aún está en el aire, a finales de este mes el parlamento italiano votará para elegir al nuevo presidente de la república después de que Sergio Mattarella −que a sus 80 años lleva siete en el cargo− haya dejado claro que no pretende aspirar a la reelección. Y la coyuntura ha abierto un debate público sobre su sucesión que, además de las habituales quinielas, ha puesto el foco en una brecha de género cada vez más sangrante: desde su fundación en 1946 la república italiana siempre ha estado presidida por un hombre. Doce en total. Ninguna mujer. Ahora, un grupo de destacadas escritoras, cantantes e intelectuales italianas ha decidido reclamar que eso cambie a través de un manifiesto publicado en diversos medios italianos.

"Queremos decirlo con claridad: ha llegado el momento de elegir a una mujer (…) No hay argumentos aceptables para aplazar una vez más esta decisión", exponían en una carta las escritoras Dacia Maraini, Edith Bruck, Melania Mazzucco, Michela Murgia y Lia Levi, las actrices Luciana Littizzetto y Sabina Guzzanti, la cantante Fiorella Mannoia, las dramaturgas Serena Dandini y Andrèe Ruth Shammah y la cineasta Liliana Cavani. "Para mí es una cuestión de justicia. Somos más de la mitad del país, pero no somos valoradas, no hay una representación  igualitaria en los puestos de poder. Esto no puede seguir así", ha explicado Maraini, una prestigiosa poetisa y uno de los grandes referentes del movimiento femenino en Italia.

Mientras el ex primer ministro Giuseppe Conte y el Movimiento Cinco Estrellas han apoyado públicamente la idea, entre los candidatos que los medios italianos manejan desde hace semanas los nombres de mujer escasean. Señalada desde algunos sectores, la ex comisaria europea Emma Bonino ha descartado su candidatura con estas palabras: "En la vida, como en política, hay un tiempo para cada cosa. Mi tiempo era hace 25 años". Bonino, muy respetada en Italia, ya se postuló para el cargo en  1999. 

Otra candidata obvia es la actual ministra de Justicia Marta Cartabia, que también fue la primera mujer en presidir el Tribunal Constitucional en el país, aunque en principio no cuenta con apoyos tan amplios para que su nombramiento salga adelante. Otros nombres femeninos que han sonado para el puesto son el de Elisabetta Casellati, actual presidenta del Senado, o Letizia Moratti, ex alcaldesa de Milán.

Marta Cartabia, actual ministra de Justicia, podría ser candidata a la presidencia, pero también a primera ministra

Y sin embargo, casi todas las quinielas apuntan al mismo hombre: el primer ministro Mario Draghi. De perfil tecnócrata (no en vano fue presidente del Banco Central Europeo), respetadísimo tanto fuera como dentro de las fronteras italianas y el preferido también por la prensa transalpina, pero cuyo nombramiento desencadenaría una crisis de gobierno inevitable. De hecho, de consumarse su nombramiento podría dar lugar a una carambola interesante: según la prensa italiana, si finalmente Draghi acaba convirtiéndose en presidente, Marta Cartabia podría llegar a ser primera ministra. Mientras tanto, la derecha y la ultraderecha de Matteo Salvini han expresado que apoyarán a Silvio Berlusconi, aunque su polémico nombramiento parece difícil de digerir para la opinión pública italiana.

En Italia, el presidente de la república, elegido por los miembros del parlamento, pero también por representantes regionales, tiene  sobre todo funciones representativas, pero también el poder de aprobar el nombramiento de los primeros ministros, disolver el parlamento o actuar como fuerza estabilizadora en momentos de crisis institucional. 

Romper este techo de cristal sería histórico en un país en el que el avance de la igualdad necesita pisar el acelerador. Lo dicen todas las estadísticas: la tasa de ocupación femenina está por debajo del 50%, la brecha salarial es una de las más acusadas de Europa, apenas hay mujeres en puestos directivos y en 2020, fruto del impacto de la pandemia, el 70 por ciento de las personas que perdieron su trabajo fueron mujeres.

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