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Crédito: Getty.

Por qué tu jefa no es tu amiga: el coste oculto de compartir confidencias con tu superior inmediato

¿De qué deberías hablar con tu jefa y de qué no? Aunque a veces resulta inevitable, compartir demasiada información personal con tus superiores puede volverse en tu contra. Evitar algunos temas puede ser una buena idea para garantizar una relación laboral saludable.

Elena de los Ríos

Ahora que las jerarquías van diluyéndose en muchas profesiones, sobre todo aquellas en las que la colaboración es esencial para la resolución de problemas, la cuestión de cómo manejar los límites de la vida personal y la profesional vuelve a ser esencial. No hablamos de la candente cuestión del tiempo, aunque es cierto que en cuanto el trabajo entra en casa el canibalismo entre lo íntimo y lo laboral es inevitable. Nos referimos a la información personal que, inevitablemente, compartimos sobre todo con nuestros jefes. ¿De verdad nos interesa que un superior esté al tanto de nuestras tribulaciones?

En la estructura jerárquica tradicional, compartir confidencias suponía una manera de humanizarse ante jefes implacables , con la esperanza de lograr un trato más favorable o de atenuar sus exigencias. Hoy, exponer las vulnerabilidades con total sinceridad, incluso convertir en un asunto laboral circunstancias personales (por ejemplo, que asistimos a terapia o cualquier problema familiar) puede volverse en nuestra contra. "Puede traducirse como un problema de inmadurez", explica Concha Barbero, coach y autora de 'La gestión de la vida en el trabajo' (Ed.Obelisco).

"Antes de confesarnos con el jefe, debemos hacernos preguntas como: ¿Lo que voy a decir es de interés o utilidad para alguien más que para mí? ¿Deseo que me respondan realmente, o es sólo mi ego el que está expresándose? ¿No sería más adecuado hablar de estos temas fuera del horario laboral?", advierte Barbero. "A los jefes hay que tenerles al tanto solo de aquellos aspectos de tu vida privada que puedan interferir en el desarrollo empresarial: una enfermedad, una boda próxima… Si estamos emocionalmente afectados por alguna circunstancia podemos desahogarnos, para que se entiendan determinados comportamientos o actitudes".

Concha Barbero indica en su libro algunos temas que no conviene compartir en ninguna circunstancia con los jefes y, en general, en la oficina. La razón: pueden disparar sesgos y alterar la paz laboral. Por ejemplo, es mejor no hablar del salario, del historial médico, de cómo gasta cada uno el dinero, de religión, del partido al que votas, de los cambios de estilo de vida, de problemas económicos o de las fiestas (y resacas) del fin de semana.

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