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By WomenNow

31, Agosto, 2021

Crédito: Getty.

¿Por qué todos tenemos los mismos recuerdos de infancia? La respuesta está en las redes...

Las redes son las responsables de que pensemos que todos hemos crecido jugando a los mismos juegos, levantándonos con el mismo despertador y comiendo las mismas chuches. ¿Es cierto o hay algo que se nos escapa en este interminable bucle de recuerdos compartidos?

Marita Alonso.

Seguro que a estas alturas ya te has topado en redes sociales con la imagen de un despertador en forma de gallo que pensaste era algo exclusivo de tu infancia. Te has detenido con extrañeza ante la imagen, creyendo por un segundo que alguien hizo una fotografía de la mesilla de noche de tu habitación de infancia, y has comprobado en los comentarios que acompañan al post, que ese mismo pensamiento le ha asaltado a todo el mundo. Sí: todo el mundo parece haber tenido, inexplicablemente, el mismo despertador, un modelo carente de marcas que en un pasado carente de redes preparadas para convertir cualquier objeto en mainstream, se convirtió en un bestseller.

El desbloqueo de recuerdos de la infancia es el nuevo selfie y las redes han hecho de esta fórmula la clave para generar engagement. Pero lejos de ser una revelación cuqui, esta tendencia es una bofetada de realidad que demuestra que, a no ser que pertenezcas a una clase social muy privilegiada, es bastante probable que no solo hayamos tenido el mismo despertador que revolucionó el mercado, sino que hayamos creciendo viendo los mismos programas de televisión y jugando con los mismos juguetes.

Pero es que, además, tendemos a apropiarnos, sin darnos cuenta, de los recuerdos de los demás. Del mismo modo que la psicóloga y divulgadora Julia Shaw asegura ser capaz de insertar en nuestra memoria pasajes que jamás tuvieron lugar, podemos pensar que determinados recuerdos de otras personas también son nuestros.

"Nuestra vinculación colectiva con la nostalgia se explota de forma constante por políticos y empresas. Tras descubrir que nuestra mente es engañosa, nuestro cerebro vago y nuestros recuerdos fácilmente manipulables, necesitamos saber si es posible evitar que alguien corrompa nuestra memoria. Lo es. Cuando ocurra algo importante que quieras recordar, escríbelo o grábalo fuera de tu cerebro antes de haberlo comentado con alguien para evitar la contaminación. Asume que vas a olvidarlo por muy importante que sea", asegura. Por eso, a no ser que en su momento anotaras algo sobre ese despertador, quizá estés recordando el despertador de tu primo o el que tenía tu mejor amiga esa noche que dormiste en su casa.

Tampoco hay que olvidar que, a menudo, seguimos cuentas que encajan con nuestros intereses, gustos o grupos demográficos, por lo que es muy posible que, por ejemplo, tu madre no esté viendo el mismo contenido que tú. Pero también es factible que ella se tope mañana con un vídeo que le haga pensar que su infancia es idéntica a la de todo el mundo, cuando lo cierto es que ese recuerdo compartido responde al hecho de que su generación sigue el mismo tipo de usuarios dependiendo de sus gustos y su estilo de vida. Mientras puede que tú sigas la cuenta de Generación Millennial, esa que otras 128.000 personas también ojean a diario, es poco probable que tu madre, que de millennial tiene poco, sea una de sus followers.

Pero si estos vínculos nostálgicos nos ayuda a sentirnos parte de algo más grande que nosotros mismos, tampoco hay que darle más vueltas a si nos hemos apropiado del recuerdo de alguien o si todo el mundo tuvo el mismo despertador que nosotros. Lo importante es que, gracias a este enlace nostálgico, seguimos adelante.

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