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El poder de la amabilidad: el activo que te interesa añadir a tu marca personal en 2022

Expresada a través de un e-mail o en persona, la importancia de la amabilidad en los entornos profesionales ha ganado enteros durante la pandemia hasta convertirse en un 'soft skill' imprescindible. Las mujeres, además, jugamos con ventaja...

Elena de los Ríos

No suele aparecer en los decálogos y manuales sobre marca personal, probablemente porque se da por sentado en los mínimos de la buena educación. Los entornos no son, sin embargo, los mismos que en el pasado siglo y la aceleración general de las costumbres nos empuja a ir dejándonos por el camino lo que no es imprescindible. La amabilidad, un valor que tiene más que ver con un tiempo lento, es una de ellas. No es que convirtamos la oficina en un campo de batalla (no completamente, al menos) sino que se vuelve un espacio más frío y crudo. Sin amabilidad, hasta hostil.

La pandemia nos reconectó con la amabilidad en el lugar más inesperado: los correos electrónicos que insistían en pedir que nos cuidáramos, que preguntaban por nuestra salud o que nos deseaban bienestar y seguridad. Todavía resisten en las comunicaciones electrónicas muchas expresiones amables, aunque a fuerza de repetirse se hayan convertido en algo poco más que formulario. No conviene olvidar, sin embargo, su poder para apelar a la sensibilidad en los peores momentos de la crisis sanitaria: la amabilidad que tanto agradecimos entonces no tiene por qué decaer ahora. ¿Por qué no convertir esa educada calidez en santo y seña de la propia marca personal?

La calidez se ha convertido en una competencia profesional más

Para el lingüista especializado en comunicación digital David Crystal, la creciente apreciación por la amabilidad muestra "el progresivo reconocimiento del impacto negativo que pueden tener los mensajes electrónicos que, al carecer del matiz de una expresión facial o una entonación, pueden resultar demasiado abruptos e impositivos". Pero la gentileza que ya tiñe la bandeja de entrada no puede quedarse ahí: debe trasladarse fuera de las pantallas y de una manera genuina. En el cara a cara no funcionan ya las expresiones aprendidas del formulismo políticamente correcto. Aquí, la calidez es una competencia más.

Las mujeres tenemos ventaja a la hora de desplegar con calidez y autenticidad la amabilidad, pues el reparto de papeles de género nos ha destinado, obligatoriamente, al cuidado de todo lo emocional. De hecho, el giro por la amabilidad no solo contribuye a crear entornos más vivibles, sino que resulta una decisión estratégicamente beneficiosa para nosotras: en vez de descartar un valor tradicionalmente feminizado nos conviene ponerlo en valor, convertirlo en el corazón de nuestro modus operandi. Pero, cuidado. No se trata simplemente de dulcificar el lenguaje.

 No se trata de ser políticamente correcto: la gentileza solo funciona si es sincera

Impostar amabilidad siempre es un error: puede convertir un tic de lo políticamente correcto en una percepción de hipocresía. La gentileza funciona cuando se ejerce de manera sincera, pero pierde todo su poder cuando se limita a expresar las fórmulas convencionales de la buena educación. Para emitir en la onda poderosa de la amabilidad necesitamos creer en ella. En otras palabras, poseer la intención sincera de considerar importantes las circunstancias y el bienestar de las personas.

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