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By WomenNow

30, Septiembre, 2021

Crédito: Getty.

Optimismo realista: la clave para encajar y sacar partido a los cambios del comienzo de curso

Tener una actitud positiva es fundamental para tu productividad y bienestar en la oficina. Aplica los principios del optimismo inteligente y comprueba sus resultados. El secreto está en controlar tu monólogo interior.

Elena de los Ríos

Estamos en plena temporada alta de vuelta a la oficina y, seguramente, estarás a la espera de conocer los cambios, reajustes y nuevos objetivos, inevitables en ese organismo en constante movimiento que es la empresa. Según sea tu posición dentro del equipo así será tu capacidad para influir o, incluso, modificar alguna de esas nuevas directivas. Sin embargo, tanto si eres ejecutiva como si te toca implementar las nuevas reglas, puedes beneficiarte de un punto de partida que, como las técnicas para priorizar tareas y combatir el estrés o los cinco hábitos madrugadores, te van a evitar muchos disgustos: el optimismo realista.

No es una novedad: el optimismo no tiene demasiada buena prensa. Se trata de un estado de ánimo que, a veces, se ha intentado imponer como una manera de desactivar la crítica, algo que jamás puede convenir a una organización que, precisamente, debe nutrirse de los deseos de mejorar de sus empleados. Sin embargo, conviene no caer en el pesimismo, en la crítica por la crítica o en la euforia injustificada. El justo medio es lo que defiende la fórmula del optimismo inteligente: proyectar una actitud favorable que no pierda de vista la realidad, con sus límites, condicionantes y posibilidades. Es , por así decirlo, un trabajar alegre con los pies en el suelo.

Pero, vamos al grano: ¿Cómo encontramos este punto de partida? Controlando el monólogo interior, ese en el que nos decimos constantemente que todos los cambios son para mal o peor. Según Carlos Hernández, autor de Optimismo para torpes (Ed. Oberón), el optimista inteligente "confía en que le van a ocurrir cosas positivas y trabaja para conseguir el éxito. Conoce sus limitaciones y es consciente de la realidad, pero prefiere centrarse en sus posibilidades para conseguir lo que se propone". Atención, porque esta característica no nace con nosotros, sino que se aprende. Y se puede entrenar.

Los psicólogos Carmelo Velázquez y Mª Dolores Avia proponen siete ejercicios que nos permiten aprender el optimismo inteligente, sean como sean nuestros rasgos de personalidad. Nos sugieren ponernos metas alcanzables (celebrarlas afianzará nuestro optimismo) y controlar el ego: abrirnos a los demás y olvidarnos un poco de nosotros mismos.
Otro ejercicio ineludible es aceptar la propia realidad: saber dónde estamos, quiénes somos y qué es factible.

No quedarnos en el lamento o la queja es otro consejo: ser valientes y atreverse a hacer cosas nuevas impulsa el optimismo. Y, sobre todo, permitirnos el juego y la travesura, cultivar la cordialidad, la bondad y explorar la capacidad de goce. Digamos adiós al pesimismo por el pesimismo.

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