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By WomenNow

20, Febrero, 2020

Un grupo de mujeres, en una de las actividades de Humanity Crew. / Alaa Samara

Estas son algunas de las mujeres que impulsan el cambio social

Hablamos de algunas de las mujeres que dedican su día a día a visibilizar y cambiar el futuro de los más vulnerables.

Maria Jammal, Natalie Tingo, Monde Balde y Ana Peláez combaten desde Grecia, Kenia, Guinea Bissau y España la desigualdad y suman esfuerzos para mejorar la vida de los colectivos más vulnerables. En su punto de mira y en su dedicación diaria están los refugiados, las niñas y mujeres víctimas de mutilación genital, de violencia y maltrato; y aquellas que, a la brecha por ser mujer, suman la de la discapacidad.

La vida de Maria Jammal, graduada en Derecho y Psicología, cambió en 2015 cuando viajó como voluntaria a la isla griega de Lesbos, donde miles de refugiados sirios, iraquíes y africanos llegaban cada día por mar desde Turquía. María, de origen árabe-israelí, decidió fundar junto con unos compañeros Humanity Crew, una organización que presta apoyo psicológico a los refugiados, les ayuda a superar las situaciones traumáticas que viven y momentos tan duros como la pérdida de un hijo o una madre.

Maria Jammal: "Veo a mi bebé en los ojos de todos los niños refugiados y puedo verme a mí misma en los ojos de todas las madres".

Maria asegura que cada vez que acude a ayudar a un refugiado tiene en mente a su bebé. "Lo veo en los ojos de todos los niños, y puedo verme a mí misma en los ojos de todas las madres" dice la impulsora de esta organización, cuya labor ha alcanzado a más de 600.000 personas en situación de crisis. Además, han formado a cerca de 8.000 profesionales, trabajadores de ayuda humanitaria y voluntarios. Por esta labor, Jammal fue galardona con el Premio Internacional de la Fundación Princesa de Girona en 2019.

La maldición de las ‘no cortadas’

Natalie Tingo es una joven emprendedora social que creció en Kuria, comunidad rural de Kenia donde las niñas son obligadas a casarse, sufren mutilación genital e incluso son sacrificadas. Tingo creció con el estigma y la maldición de ser una "no cortada", por librarse de la ablación gracias a la influencia de su madre. Con solo 19 años, fundó Msichana Empowerment Kuria. Su reto: crear un lugar seguro para las niñas y mujeres, garantizar sus derechos y darles la oportunidad de desarrollar todo su potencial en su vida personal y profesional. Un trabajo por el que ha recibido varios reconocimientos como el premio Change Maker de la Fundación Bill y Melinda Gates. Fue, además, elegida por la Comisión Europea como una de las 16 jóvenes más influyentes.

Techo y radio contra la violencia
De erradicar la violencia que sufren las mujeres también se ocupa Monde Balde, una joven de Guinea Bissau que fue víctima de mutilación genital, obligada a casarse y maltratada. Consiguió salir de aquella situación y creó la asociación Aramub para poder ayudar a otras mujeres. A ella se han sumado ya un centenar de emprendedoras. Con el apoyo de ONU Mujeres y de la asociación Periodistas Solidarios, Aramub creó radio Mulher la primera radio laica y dirigida por mujeres de su país, para darles voz y reivindicar sus derechos.

La radio se ha convertido en el lugar al que acuden muchas víctimas de maltrato para pedir ayuda. Por eso, junto con la Fundación Ana Bella están proyectando la construcción de la primera casa de acogida en el país africano, que esperan tener lista a finales de año.

Mujeres con diversidad funcional y la doble discriminación

Ana Peláez, alta Comisionada para la Solidaridad y la Cooperación Internacional del Grupo Social ONCE, alerta de datos tan graves como que una de cada tres mujeres con diversidad funcional sufre violencia de género y pone el foco de su activismo en la doble discriminación que sufren estas.

Peláez, primera mujer con diversidad funcional -es ciega de nacimiento- en el comité de Naciones Unidas contra la discriminación de las mujeres, asegura que son muchos los obstáculos a los que se enfrentan, como la negación de sus derechos sexuales y reproductivos –incluso por Ley- o la exclusión social y laboral de las mujeres y niñas con discapacidad, que son "invisibles para los gobiernos, la sociedad y las instituciones públicas, incluso las de los derechos humanos".

 

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