Eventos inspiradores Actualidad imprescindible Voces extraordinarias

Te interesa

By WomenNow

26, Octubre, 2021

Crédito: Getty.

Después de la 'girlboss', ¿tiene el mito de la 'goodboss' los días contados?

Los 'millennials' hicieron de la 'girlboss' la fantasía laboral a la que aspirar, pero seis años después de su nacimiento, la realidad demostró que el concepto era tan débil como engañoso. ¿Existen realmente las jefas amables o está el mundo lleno de Mirandas Priestlys?

Marita Alonso.

Aviso a navegantes: en este artículo abundan los "palabros" millennial, así que pedimos disculpas de antemano a quienes detestan los anglicismos. El término girlboss (aquí va el primero) nació en 2014 gracias a la fundadora de Nasty Gal, Sophia Amoruso. ¿Que qué demonios es ser una goodboss (el segundo), te preguntarás? Pues supone ser, básicamente, la propia Amoruso, es decir, una mujer poderosa, inclusiva y con un pensamiento adelantado que no es una jefa al uso, sino una jefa cool.

Su figura se oponía a la del clásico jefe blanco, cisgénero que, tradicionalmente, había dominado los ámbitos del poder empresarial. Sin embargo, el término pronto se encontró con quienes lo criticaban por señalar que, lejos de romper el techo de cristal, lo que en realidad fomentaban las seguidoras de Amoruso era su reconstrucción.

Siguiendo la estela de Sheryl Sandberg y de su libro superventas, Lean In: Women, Work, and the Will, había quienes pensaban que la filosofía de estas dos girl bosses consistía en preguntarse cómo hacer el sistema laboral mejor para ellas en lugar de cuestionarse para quién había sido diseñado. Por eso, el término fue cancelado en 2020, al entenderse que este tipo de jefa no era mejor que sus antecesores. Aunque, en teoría, la misión de la girlboss debía ser empoderar a quienes provenían de orígenes similares, eso nunca ocurrió. ¿La razón? No se trata de que la girlboss no sea una buena jefa, el problema es que no existe. Según los defensores de esta corriente, jamás hay que poner a los jefes en un pedestal.

Como señala el profesor de gestión y organizaciones de la Universidad de California Samuel Culbert, "los empleados quieren ver a sus jefes como aliados, no como antagonistas", pero la dificultad de lograrlo es la responsable de que, cada vez más empresas, quieran construir cooperativas en las que las jerarquías no tengan cabida. Por más que los estudios señalen que la compasión y la bondad conducen a mejores resultados laborales que las prácticas autocráticas, el poder sigue comportándose, en la mayoría de los casos, de forma autoritaria.

De hecho, como escribe Anne H. Petersen en No puedo más: Cómo se convirtieron los millennials en la generación quemada, "en Microsoft, los jefes pueden acceder a los datos de los chats, los correos electrónicos y las citas de calendario de los empleados para medir su 'productividad, la eficacia de la gestión y el equilibrio trabajo-vida'. Cada vez hay más empresas que contratan servicios de 'análisis tonal' que vigilan las reuniones, las llamadas y el Slack". Ni rastro, por tanto, de good bosses.

¿La conclusión? No hemos de buscar un buen jefe o una buena jefa, sino a grandes líderes. Y por más que como ya señalamos anteriormente, el Diccionario de Competencias Badenoch + Clark señala que las aptitudes, las motivaciones, los valores o los rasgos de la personalidad tienen como resultado la formación de las competencias que determinan el buen desempeño laboral de un gran líder, la empatía y la bondad también deben formar parte de la fórmula del liderazgo.

TE INTERESA

NO TE PIERDAS