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Mikaela Loach, la Greta Thunberg jamaicana, y su cruzada por la diversidad del movimiento climático

Ha demostrado que las redes sociales también pueden ser un espacio perfecto para el activismo. Nacida en Jamaica y criada en el Reino Unido, Mikaela Loach se ha propuesto hacer que la mismísima Malala Yousafzai cambie de opinión acerca de Twitter e Instagram.

Por Marita Alonso

Mikaela Loach tiene 23 años, es estudiante de Medicina y activista climática. Por el volumen de seguidores que tiene, también podríamos hablar de ella como de una influencer, aunque en sus redes no veremos poses sugerentes en infinity pools ni bañadores regalados (y pertinentemente etiquetados) o Stories en los mejores restaurantes del momento.

Lo que sí encontramos es a una joven comprometida con lograr que el movimiento climático, liderado por activistas como Greta Thunberg o Jamie Margolin (protagonista de la última edición de Santander WomenNOW) sea más inclusivo

En su cruzada, Loach ha unido fuerzas con otras activistas para solicitar una revisión judicial de la estrategia de la Oil & Gas Authority del Reino Unido que permita "maximizar la recuperación económica" de las reservas de hidrocarburos del país. "El gobierno está pagando a las empresas miles de millones en dinero público para extraer hasta la última gota de petróleo del Mar del Norte, cuando en lo que tendría que centrarse es en descarbonizar la economía del Reino Unido", asegura.

Sin miedo al poder

"Creo que mucha gente se siente incapaz de hacer algo contra los grandes, pero les quiero demostrar que tenemos la habilidad de decir la verdad y el poder de cambiar las cosas", explicaba recientemente a Stylist. Con sus mensajes a través de sus plataformas sociales y sus acciones en la vida real, Loach quiere continuar el sendero iniciado por los activistas holandeses que llevaron a juicio a Shell. Gracias a su victoria, la petrolera se ha visto forzada a comprometerse a reducir sus emisiones un 45 % para el año 2030. 

Loach también se manifiesta en contra del fast fashion. Asegura que si el objetivo de la moda es hacerte sentir empoderada, pero tu empoderamiento genera la opresión de otros, entonces no se puede hablar de un movimiento empoderador, sino opresor. Su lucha contra la llamada moda rápida nació a raíz del documental True Cost, sobre el impacto que este tipo de prendas tiene sobre los trabajadores que las fabrican. 

Más tarde, se dio cuenta de que todas sus preocupaciones estaban interconectadas: la crisis climática con la de los refugiados y ambas, a su vez, con las injusticias raciales y el colonialismo. "Hace dos años, cuando hablaba sobre la necesidad de mencionar el antirracismo en el movimiento climático, me decían que hablar de racismo en ese contexto no hacía más que diluir el movimiento, que no teníamos tiempo para tratar los dos problemas a la vez".

Y esa es, precisamente, la actitud que quiere cambiar. "Me sorprende que la gente se sorprenda de que la Familia Real británica sea racista… ¿Cómo creéis que obtuvieron su dinero? A través del colonialismo, de la explotación, de la violencia, de la esclavitud...", comenta en unos de los vídeos de su perfil.

Loach ha demostrado que las redes sociales no son solo odio y postureo, sino que el activismo puede tener cabida en el mismo espacio en el que se abusa de filtros y de sonrisas falsas. Algo con lo que no coincide Malala Yousafzai, que recientemente explicaba así su postura acerca de las plataformas sociales en la revista Vogue. "El activismo está asociado ahora a los tuits. Esto tiene de cambiar, porque Twitter es un mundo completamente diferente".

Si no sigues todavía a Mikaela Loach, te invitamos a hacerlo. No sabemos si a Malala le gustará su discurso, pero a nosotras nos ha convencido demostrando que en Instagram hay lugar para algo más que la vanidad.

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