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Una imagen de Madam C. J. Walker tomada en 1914. Su vida ha inspirado la nueva serie de Netflix. Michael Ochs Archives/Getty Images.

Madam C. J. Walker, la primera mujer negra que se convirtió en millonaria, protagoniza la nueva serie de Netflix

Octavia Spencer interpreta a esta mujer hija de esclavos que consiguió levantar un imperio de cosmética dirigido a las mujeres afroamericanas.

Madam C.J. Walker es la protagonista de la nueva serie de Netflix, que la plataforma de streaming estrena este viernes, 20 de marzo. Quizá es la primera vez que oímos el nombre de esta mujer, pero su historia es fascinante: Walker creó, a principios del siglo XX, una línea de tratamientos para el cabello específicamente ideados para las mujeres negras. El negocio tuvo tanto éxito que la convirtió en millonaria. Es una de esas mujeres afroamericanas que fueron pioneras, como Katherine Johnson –que murió el 24 de febrero–, pero que la historia ha empezado a hacer justicia ahora.

Ahora, Netflix ha querido recuperar su figura y ha producido Madam C. J. Walker: Una mujer hecha a sí misma, una mini serie de cuatro capítulos protagonizada por Octavia Spencer, ganadora de un Óscar por Criadas y señoras.

Como indica el título de la nueva serie de Netflix, C. J. Walker fue una mujer hecha a sí misma. Salió de la miseria para llegar a lo más alto. Desde su nacimiento todo parecía indicar que su destino sería otro bien distinto. Nacida en 1867, Sarah Breedlove –ese era su verdadero nombre– fue uno de los seis hijos del matrimonio formado por Owen y Minerva Breedlove, dos esclavos que trabajaban en una plantación de algodón en Louisiana. 

Su compañía llegó a contar con 40.000 agentes de ventas, todos afroamericanos, que trabajaban en Estados Unidos y Centroamérica.

Ella había nacido ya en libertad: en 1863, el presidente Abraham Lincoln había firmado la Proclamación de la Emancipación, que supuso la liberación de muchos esclavos en algunas zonas del sur de Estados Unidos. Pero la vida de una mujer afroamericana en aquellos tiempos duros se encontraba con todos los obstáculos posibles por delante.

Huérfana desde niña

Sus padres murieron cuando ella tenía siete años y, junto con su hermana mayor, Sarah siguió trabajando en los campos de algodón. Con solo 14 años se casó con Moses McWilliams y tuvo una hija, A’Lelia. Pero Moses murió pronto, tan solo cuatro años después de casarse. Sarah se encontró, de pronto, viuda con tan solo 18 años y con una hija de dos años a su cargo, así que decidió mudarse a St Louis, en el estado de Missouri, donde sus cuatro hermanos varones trabajaban como barberos. 

Allí, Sarah empezó a trabajar como lavandera y costurera, ganando un dólar y medio a la semana, y en 1894 se casó con John Davis. El matrimonio, sin embargo, fue un fracaso y se divorciaron unos años más tarde.

La periodista A'Lelia Bundles, bisnieta de Walker, publicó en 2001 la biografía de la empresaria: On her own ground. The Life and Times of Madam C.J. Walker. El libro recoge frases de la propia Walker. Por ejemplo, sabemos cómo fue el momento en el que la futura empresaria decidió que quería luchar por tener éxito en la vida. "Estaba en la pila de lavar una mañana y miré mis brazos enterrados en la espuma de jabón. Me dije a mí misma: '¿Qué vas a hacer cuando envejezcas y tu espalda se ponga rígida? ¿Quién cuidará de tu pequeña? Eso me hizo pensar, pero, aún así, con todo mi pensamiento no era capaz de ver cómo yo, una pobre lavandera, iba a mejorar mi situación".

Su vida dio un giro inesperado en 1904. Sarah sufría pérdida de cabello y empezó a usar The Great Wonderful Hair Grower, un producto formulado por la empresaria afroamericana Annie Malone. Pero la protagonista de nuestra historia no se quedó ahí, también decidió entrar a formar parte del equipo de vendedoras de los productos de Malone.

Creando un imperio

Un año después, su suerte cambió. Sarah se mudó a Denver, Colorado, y conoció al publicista Charles Joseph Walker, con quien se casó y de quien recibió el nombre por el que se la conoce: Madam C.J. Walker. También experimentó con sus propios ingredientes y decidió lanzar su propia línea de productos para el cabello dirigidos a mujeres afroamericanas, que su marido le ayudó a promocionar. Su producto estrella era Madam C.J. Walker’s Wonderful Hair Grower, que se convirtió en un éxito. El Museo Nacional de Historia y Cultura Afroamericana de Washington D.C. guarda uno de los envases de este tratamiento.

En 1910, C.J. Walker se instaló en Indianápolis y allí construyó una fábrica para sus productos. Nacía, así, la sede de Walker Manufacturing Company. El éxito de su negocio fue fulgurante. Walker, como mujer independiente y hecha a sí misma, quería lo mismo para el resto de mujeres afroamericanas. Con este objetivo creó un programa de entrenamiento para sus agentes de ventas, principalmente mujeres. Además, donó parte de su fortuna a instituciones educativas para ciudadanos negros y costeó los estudios de varios estudiantes afroamericanos. 

Walker murió en 1919, a los 51 años, debido a un fallo renal. Dos años antes había fundado National Negro Cosmetics Manufacturers Association, con el objetivo de fortalecer la red de empresas manufactureras creadas por afroamericanos. Su compañía llegó a contar con 40.000 agentes de ventas, todos afroamericanos, que trabajaban en Estados Unidos y Centroamérica. Y de ganar poco más de un dólar a la semana como lavandera en Missouri, al final de su vida dejó una herencia millonaria que incluía, entre otras propiedades, una mansión en Nueva York, en el mismo barrio que el magnate del petróleo John D. Rockefeller.

 

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