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Loujain al Hathloul fue liberada en febrero después de pasar 1.000 días en prisión. Foto: Getty.

1.000 días en prisión y cinco años sin viajar: el precio que Loujain al Hathloul está pagando por lograr que las mujeres conduzcan en Arabia Saudita

Liberada en febrero gracias a la presión del gobierno de Joe Biden, el acoso contra la activista continúa. Ahora, un tribunal ha confirmado que no podrá viajar fuera de su país. Su lucha ha permitido que las mujeres sauditas puedan conducir, pero eso también la ha convertido en la enemiga número uno de Mohamed bin Salmán.

El acoso contra Loujain al Hathloul continúa. Después de ser liberada en febrero, tras pasar 1.000 días en prisión, esta semana un tribunal saudí rechazó el recurso judicial de la activista, una decisión que le impedirá viajar fuera de su país durante los próximos cinco años. Es el último movimiento del régimen liderado por Mohamed bin Salmán para tratar de silenciar a la activista más famosa del país. Mientras organizaciones como Amnistía Internacional exigen que las represalias contra ella cesen, Joe Biden se ha convertido en uno de sus principales defensores, volviendo a demostrar su compromiso con los derechos de las mujeres. Su historia se suma a la de la princesa Latifa Al Maktum y la esquiadora iraní Samira Zargari, a la que su marido impidió viajar para participar en el Mundial , otros dos ejemplos recientes de las precarias condiciones que padecen las mujeres en algunos países árabes.

Su lucha viene de lejos. Al Hathloul, que ha sido nominada en dos ocasiones al premio Nobel de la Paz, lleva años peleando contra el sistema de tutela masculina que impera en Arabia Saudita, pero también fue la activista más destacada en la cruzada contra la ley que impedía que las mujeres condujeran en el país árabe. Aunque el objetivo de su campaña se consiguió en 2018, ese mismo año Al Hathloul, que ya había sido detenida en otras ocasiones, fue arrestada en una operación contra una docena de mujeres activistas por "tratar de desestabilizar al reino".

Fue acusada de terrorismo, espionaje y conspiración, de dañar la seguridad nacional, de tratar de cambiar el sistema político y desafiar sus leyes, pero también de establecer contactos con diplomáticos y periodistas extranjeros. Una retahíla de denuncias que la han convertido en la enemiga número 1 del príncipe heredero y viceprimer ministro Mohamed bin Salmán y por las que en diciembre fue sentenciada a cinco años y ocho meses de cárcel.

Sus familiares han denunciado que ha sufrido abusos sexuales y torturas en prisión, donde ha llevado a cabo dos huelgas de hambre mientras organizaciones como Amnistía Internacional e instituciones como el Parlamento Europeo o la ONU denunciaban su situación.

Su familia ha denunciado que la activista ha sufrido abusos sexuales y torturas durante su estancia en prisión

Pero en febrero, la presión internacional hizo por fin su efecto. Sobre todo, la que ha ejercido el gobierno de Joe Biden. De hecho, cuando la activista fue liberada, su familia se lo agradeció expresamente al presidente de Estados Unidos. "Es una potente activista por los derechos de la mujer y liberarla era lo correcto", dijo el propio Biden.

Pese a todo, la sentencia que todavía pesa sobre ella le impide hablar públicamente del caso, dar detalles de su paso por prisión o celebrar su liberación en público. En libertad condicional desde febrero, no podrá viajar fuera de Arabia Saudita en los próximos cinco años. Aunque al Hathloul retomó la actividad en su cuenta de Twitter pocos días después de ser liberada, no ha vuelto a prodigarse en las redes sociales. En su último tuit decía escuetamente: "Regreso con el corazón lleno de agradecimiento, pero magullada después de 1.001 días de decepciones".

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