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By WomenNow

17, Noviembre, 2020

La actriz Emma Corrin interpreta a Lady Di en la cuarta temporada de 'The Crown'. / Des Willie.

5 claves para entender por qué Lady Di, el personaje más esperado de 'The Crown', se convirtió en un icono global

La cuarta temporada de 'The Crown' introduce, por fin, a uno de los personajes más esperados de la serie y uno de los más importantes de la historia reciente del Reino Unido: Lady Di. La serie, que emite Netflix, narra el ascenso de una jovencísima y tímida Diana Spencer hacia una popularidad planetaria. Pero, ¿cómo llegó Lady Di a convertirse en un icono? Aquí tienes cinco claves para entenderlo.

Con la cuarta temporada de 'The Crown', la serie sobre la vida de reina Isabel II de Inglaterra con la que Netflix arrasa desde hace ya cuatro años, llegan algunas de las incorporaciones más esperadas por los seguidores. Una es la de Margaret Thatcher, la primera ministra más amada y odiada del Reino Unido, intepretada por Gillian Anderson y cuya historia te contamos en nuestro podcast 'Una habitación propia'.

Pero también vemos cómo llega a la vida de la familia real la princesa Diana, encarnada por Emma Corrin, quizá el personaje que estaba creando más expectación en esta nueva entrega de 'The Crown'. A medida que pasan los capítulos, vemos cómo una tímida princesa Diana, de tan solo 19 años, se convierte en un fenómeno planetario: aclamada por el público, perseguida sin descanso por los medios de comunicación y considerada un icono del glamour, en los años 90 era la mujer más famosa del mundo. Te contamos en cinco claves cómo Diana Spencer llegó a convertirse en Lady Di.

1. Como un cuento de hadas. La boda de Lady Di, que entonces tenía 20 años, y el Príncipe Carlos, de 32 años y heredero al trono de Inglaterra, se celebró el 29 de julio de 1981 en la catedral de San Pablo de Londres y tuvo una audiencia televisiva de más de 750 millones de espectadores alrededor del mundo. La cifra es estratosférica y refleja a la perfección la expectación que precedió al enlace real. Era la culminación de una historia que todos habíamos leído en los cuentos de hadas: una bella joven se enamora de un príncipe destinado a ser rey y se casan. Y todo aderezado con una estética propia de los cuentos: carruajes, fastuosos vestidos (inolvidable la cola del traje de novia, de 8 metros de largo) y fiestas en las calles. Aunque  como sabemos, el cuento no tuvo final feliz: en 1995, Lady Di ofreció una jugosísima entrevista a la BBC en la que contaba con todo lujo de detalle su infeliz matrimonio el Príncipe Carlos y cómo se había sentido (de mal) en el seno de la familia real británica. Su aparición televisiva sacudió los cimientos de la monarquía y ofreció la cara menos amable de la institución.

2. Una persona de carne y hueso. La vida de soltera de Lady Di era bastante parecida a la de muchas chicas de su edad. Trabajaba a media jornada y vivía en un apartamento de Londres con unas amigas. Gracias a este perfil más terrenal, muchas personas podían identificarse con la princesa Diana. Además, su actitud, cercana con las multitudes, dio una bocanada de aire fresco a la anquilosada institución monárquica británica.

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Un fotograma de la serie 'The Crown'.

3. La 'diana' de los medios. Si el noviazgo con el Príncipe de Gales había convertido a Diana en blanco de los medios de comunicación, después del matrimonio la 'caza de Lady Di' no hizo más que aumentar. Dentro y fuera de las fronteras del Reino Unido. En 1982, los tabloides británicos publicaron unas fotos de la princesa embarazada y en bikini en sus vacaciones privadas en Bahamas, algo que enfureció a la reina. Después, llegó el viaje de Estado a Austrialia, que tan bien refleja la serie, con un recién nacido príncipe Guillermo, que Diana se negó a dejar en casa. La prensa de aquel país solo tuvo cumplidos para Lady Di, que no tenía ningún problema en acercarse y hablar de forma cercana con la muchedumbre que los esperaba, algo nunca visto de un miembro de la casa real británica. Lo mismo ocurrió en el viaje que realizaron Diana y Carlos a Estados Unidos en 1985 con el presidente Reagan en el poder. En la fiesta que les ofrecieron en la Casa Blanca, la Princesa de Gales se mezcló a la perfección con las estrellas de Hollywood y hasta llegó a bailar, en una imagen ya icónica, con el actor John Travolta.

4. Un saludo para la historia. A medida que avanzaba la década de 1980, y mientras su matrimonio se deterioraba, Lady Di cada vez se volcaba más en su faceta filantrópica. En abril de 1987, la princesa inauguró el primer centro para enfermos de sida del Reino Unido y, durante el acto, dio la mano a un paciente de esta enfermedad. Ahora, un gesto así puede carecer de importancia, pero estamos en los primeros años del sida, una pandemia que estaba segando la vida de millones de personas. La ignorancia sobre la enfermedad y la homofobia unida a ella hacían que mucha gente no supiese cómo se transmitía y rechazara cualquier contacto con una persona infectada. "El VIH no hace que sea peligroso conocer a las personas, así que puedes estrecharles la mano y darles un abrazo", dijo la princesa. El gesto de Lady Di hizo mucho por visibilizar la discriminación que sufrían las personas seropositivas. Pero, a lo largo de su vida, la princesa se embarcó en innumerables causas humanitarias, como la lucha por la eliminación de las minas anti persona, que la llevaron a viajar por países como Angola.

Diana de Gales: "El VIH no hace que sea peligroso conocer a las personas, así que puedes estrecharles la mano y darles un abrazo".

5. Casi una santa. La noche del 31 de agosto de 1997, Diana de Gales muere en París tras un accidente de coche en un paso subterráneo junto al Sena. Tenía solo 36 años. Con ella viajaba su pareja, Dodi Al-Fayed, ya que se había divorciado de Carlos de Inglaterra un año antes. La noticia conmocionó al mundo y un fastuoso funeral que no era de Estado pero lo parecía, sirvió para apuntalar su leyenda. Muchos creen que, tras el trágico final de Lady Di, los ciudadanos decidieron quedarse únicamente con los episodios más luminosos de su vida y olvidar los oscuros.

 

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