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By WomenNow

26, Agosto, 2021

Crédito: Getty.

La (inquietante) tendencia de Instagram de simplificar lo complicado

El activismo social ha hecho que las redes compartan infografías, estadísticas o explicaciones sencillas de asuntos complejos como si fueran el último selfie. ¿Es suficiente (o conveniente) consumir información de esta forma?

Marita Alonso.

A estas alturas ya te habrás dado cuenta de que, desde hace meses, las infografías copan las redes sociales y cada vez más perfiles utilizan datos para contextualizar cada acontecimiento político o social. La última tendencia viral (que se suma al craftivismo o a la obsesión por ver lo que comen los demás) tiene su reflejo en cuentas como Devermut o I weigh, que basan su contenido en recoger datos y simplicarlos para informar y educar a sus seguidores acerca de temas diversos (desde la crisis en Afganistán hasta conceptos como la interseccionalidad) gracias a la función de Instagram que permite subir hasta diez imágenes en un solo post.

The Depression Project, una iniciativa concebida para ayudar a las personas que padecen problemas de la salud metal, le da tanta importancia al fondo como a la forma, usando colores y ilustraciones para que el contenido no solamente sea útil, sino también compartible. 

Los formatos que emulan a los memes y el ansia por crear contenido capaz de ser compartido y viralizado ha cambiado el modo en el que consumimos noticias e información. Después de pasar de leer noticias a ojear únicamente los titulares, ahora preferimos consumir (o más bien, compartir) un resumen “cuqui” de asuntos complejos que nos hace creer que estamos informados, aunque no sea necesariamente cierto.

Como señala la escritora Julia Bell en Atención Radical (Alpha Decay), nuestra propensión a responder a los estímulos que nos bombardean sin descanso hace que “a cambio de información y entretenimiento, entreguemos nuestra atención a la economía de la red, y el mercado la transforma en un bien de alta cotización. Ahí fuera hay un ejército de programadores de webs, desarrolladores de software, estrategas de redes sociales y publicistas que están dando forma a una de las industrias más poderosas y de mayor crecimiento del mundo”. Además, mientras el tiempo que estamos on-line ha aumentado durante la pandemia, según una encuesta de Common Sense Media, el 60 % de los adolescentes que usan YouTube para seguir la actualidad prefieren informarse mediante influencers que hacerlo a través de los medios de comunicación convencionales.

Sin embargo, lo que a menudo motiva a marcas e influencers a compartir infografías es, en realidad, una sofisticada estrategia de‘ wokewashing’ con la que aumentar el número de likes y seguidores aprovechando momentos conflictivos en los que una información simplificada puede convertirse en viral. Un fenómeno que se cruza, además, con el ‘slacktivism’, la manera más cómoda (y menos comprometida) de mostrar apoyo a una iniciativa y que se limita, únicamente, a compartir contenido en las redes con el fin de demostrar, no solo que estamos bien informados, sino que también estamos sensibilizados con la pertinente causa.

Y porque la proliferación de este tipo de infografías está cambiando la forma en la que consumimos noticias, Instagram ya tiene un equipo encargado de revisar estos contenidos para evitar la difusión de informaciones falsas. Aunque es cierto que esta nueva forma de estar día no es tan efectiva como leer decenas de artículos, contrastar datos y revisar diferentes opiniones y posturas, al menos está logrando que las nuevas generaciones estén más informadas… O, al menos, que finjan estarlo mientras comparten contenido que puede (o no) servir para que otros se informen.

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