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Crédito: Getty.

Ketanji Brown Jackson, la jueza "neutral" llamada a hacer historia en el Tribunal Supremo de Estados Unidos

Es la primera jueza afroamericana en ser nominada a ocupar un asiento en el Tribunal Supremo de Estados Unidos. Escogida por Joe Biden y evaluada por el senado norteamericano, Ketanji Brown Jackson aspira a un puesto vitalicio que puede marca el futuro político del país más poderoso del mundo.

Ixone Díaz

Fue una promesa de campaña y, un año después, Joe Biden ha cumplido con su palabra al anunciar la nominación de la primera jueza afroamericana al Tribunal Supremo de Estados Unidos en sus 232 años de historia. Desde el lunes, Ketanji Brown Jackson se enfrenta al comité del Senado norteamericano que debe determinar su idoneidad para el puesto, en un proceso convertido en festival mediático y que los norteamericanos siguen con auténtico fervor. No hay más que echar un vistazo a las redes sociales. Lo ha hecho dejando claro desde el principio su independencia. "He sido jueza durante casi una década y me tomo muy en serio esa responsabilidad y mi deber de independencia. Tomo decisiones sobre mis casos desde la neutralidad. Evalúo los hechos, e interpreto y aplico la ley en función de esos hechos, sin miedo ni predisposición, y siempre consecuentemente con mi juramento", decía en la sesión inaugural. 

Aunque su nombramiento está prácticamente garantizado por la mayoría demócrata de la cámara y podría ratificarse antes del 8 de abril, varios senadores republicanos han tratado de poner en cuestión su solvencia. Primero, poniendo en tela de juicio su neutralidad ideológica (en su anterior cargo falló en contra de varias ordenes ejecutivas firmadas por el presidente Donald Trump), pero también apuntando a una presunta "suavidad con el crimen" por haber participado en la defensa de un terrorista de Guantánamo o por su supuesta benevolencia en un caso relacionado con la pornografía infantil.

Sin embargo, Brown Jackson no responde al perfil de jueza activista. Su currículum es, más bien, el de una aplicadísima alumna de expediente intachable. Hija de dos profesores de la escuela pública, creció viendo cómo su padre estudiaba Derecho en la mesa de la cocina de su casa en Miami. Después de ser presidenta del comité de estudiantes de su instituto y de graduarse dos veces en Harvard (donde conoció a su marido, Patrick, y fue editora del Harvard Law Review), trabajó como reportera e investigadora para la revista Time en los años 90 antes de ser asistente de varios jueces y, más tarde, ejercer como abogada de oficio, algo inédito para una jueza del Tribunal Supremo.

Después de pasar por instituciones como la Comisión de Sentencias de Estados Unidos y de ejercer como jueza federal en Washington durante casi una década,Brown Jackson ha explicado que ha pedido perdón a sus hijas por no estar tan presente como le hubiera gustado durante su infancia.

Si bien es cierto que su llegada al alto tribunal en sustitución de Stephen G. Breyer (del que por cierto fue secretaria en los años 90) no cambiará la mayoría conservadora de la cámara, su llegada podría tener un impacto a la largo plazo. El cargo que asume es vitalicio y clave para decidir asuntos tan estratégicos como el acceso de los estadounidenses a las armas, el derecho al aborto o la discriminación positiva en el acceso a las universidades. Su manera de aplicar la Constitución, más fiel al texto original o más abierta a la interpretación, podría determinar muchas decisiones del alto tribunal en los próximos años.

Lo que está claro es que su solo nombramiento hará historia. Pero también conseguirá estrechar un poco más la brecha de género que todavía impera en el alto tribunal: Brown será, junto a Sonia Sotomayor y  Amy Coney Barrett, la tercera jueza de una corte compuesto por nueve miembros.

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