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By WomenNow

14, Febrero, 2022

Crédito: Getty.

Katie Piper: la superviviente de un ataque de ácido que convirtió su trauma en activismo

En 2008, su agresor le robó su identidad y su futuro profesional como modelo. Más de 300 cirugías después, la modelo Katie Piper ha logrado convertir su trágica historia en una fundación que ayuda a víctimas de desfiguraciones. Isabel II acaba de reconocer su activismo y labor filantrópica.

Ixone Díaz

Katie Piper tenía 24 años, vivía en un piso compartido en Londres, le gustaba ir de compras, salir de copas con sus amigos y ganaba un sueldo decente haciendo sus primeros pinitos en televisión y posando como modelo en las páginas de moda de las revistas. Llevaba, como ella misma ha reconocido, una vida superficial y liviana, pero divertida. También coleccionaba admiradores anónimos que trataban de contactar con ella a través de su página de Facebook. Así conoció a Daniel Lynch.

Con él, Katie hizo una excepción y aceptó conocerle en persona. En su primera cita, él le regaló flores y un osito de peluche. En la segunda, le dijo que la quería. En pocos días, ya eran oficialmente una pareja. Pero, poco a poco, él empezó a mostrarse celoso y obsesivo. Sólo dos semanas después de conocerse, Lynch encerró a Katie en una habitación de hotel. Allí la maltrató, la violó y la amenazó de muerte. Por fin, ella logró disuadirle de que la llevara a casa. Sin valor a denunciarle por miedo a las represalias, Katie se encerró en su piso durante tres días. 

Cuando por fin decidió salir después de que su agresor la convenciera para hacerlo, un hombre encapuchado se le acercó y en un gesto rápido, le arrojó una taza de ácido sulfúrico a la cara. Aquel hombre era Stefan Sylvestre, de 19 años, un delincuente de poca monta que Lynch había contratado para consumar su venganza. Así empieza la trágica historia de Katie Piper.

Lo que vino después no fue menos traumático. En el hospital, donde le indujeron un coma después de someterle a las primeras cirugías y no pudieron evitar que perdiera un ojo, no podía ni hablar ni comer. La primera vez que una psicóloga le ofreció un espejo para mirarse, ella pidió otro. Pensaba que se lo habían dado roto. Cuando recibió el alta muchos meses después, volvió a vivir con sus padres mientras tenía que llevar una máscara puesta 23 horas al día para que sus heridas cicatrizaran. El daño psicológico era aún más severo: se negaba a abandonar la casa, cerraba con llave puertas y ventanas y le aterrorizaba la presencia de desconocidos o las bebidas calientes.

Piper empezó a superar su trauma gracia a la moda. Fashionista devota y practicante, se subía a sus tacones, se ponía sus ajustadísimos vestidos y se arreglaba el pelo hasta en sus días más grises. Así comenzó su recuperación. Ahora, 13 años y más de 300 cirugías después, Piper es una reconocida activista en el Reino Unido. En 2010, puso en marcha su fundación, Katie Piper Foundation, para ayudar a otras supervivientes de desfiguraciones y quemaduras graves y por su trabajo, acaba de recibir la Orden del Imperio Británico que concede Isabell II y que hace unos días le entregó la princesa Anna.

Piper ha protagonizado documentales, escrito una biografía y varios libros de autoayuda y es una defensora del pensamiento positivo como forma de superar el trauma. Sus redes sociales (solo en Instagram le siguen más de un millón de personas) son el reflejo del compromiso de una superviviente que ha sabido convertir su trauma en activismo. Pero la modelo también se ha encargado de señalar la responsabilidad de la industria de la belleza y la moda y sus estrictos cánones de belleza. "Nací con un cuerpo sano, sin ninguna diferencia visible hasta los veinte años. Así que tuve la experiencia de vivir ambas vidas. Cuando pasas a formar parte de esa minoría, te das cuenta de que nunca te venden, nunca eres el objetivo de la industria de la belleza y la publicidad", ha denunciado.

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