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¿Qué ha conseguido Kamala Harris en sus 100 primeros días como vicepresidenta de Estados Unidos?

Cuando llegó a la Casa Blanca para convertirse en la mano derecha de Joe Biden, todo eran rumores sobre su ambición de ocupar, algún día, el Despacho Oval. Tres meses después de su toma de posesión, Kamala Harris ha demostrado que su trabajo al frente de la vicepresidencia no es ornamental y que, hasta que llegue su momento, será la colaboradora más leal del presidente.

Ixone Díaz

Mientras algunos vaticinaban que su papel sería meramente decorativo, otros temían que Kamala Harris aprovechara la vicepresidencia para avanzar en su propia agenda y en su ambición de convertirse, algún día, en la primer mujer en presidir Estados Unidos. Pero los cien primeros días de Harris en el cargo, tras la era de Donald Trump, han dejado claro que su estrategia no consiste en eclipsar al presidente, sino en convertirse en su más estrecha colaboradora. Una jugada que podría cristalizar en carambola si, por el camino, consigue construir un perfil político propio y una reputación sólida que allane su camino hacia el Despacho Oval en un futuro no demasiado lejano.

Harris ha demostrado su lealtad acompañando a Biden en algunos de los grandes anuncios y discursos de estos cien primeros días. Estuvo junto a él cuando el presidente se dirigió a la nación con motivo del veredicto del juicio por la muerte de George Floyd y se ha esforzado por "vender" ante la ciudadanía, pero también frente al Congreso, la agenda política del presidente. De hecho, su voto de calidad en el Senado deshizo el empate que permitió que la administración demócrata aprobara un paquete de estímulo de 1,9 billones de dólares.

Esta unidad de acción se parece a la que Biden exhibió junto a Obama durante su etapa como vicepresidente. Además, la relación personal entre ambos se ha intensificado desde que se instalaron en el Ala Oeste. Según la prensa norteamericana, comen junto a menudo y se ven casi todos los días en reuniones colectivas, pero también en encuentros privados. El presidente, por su parte, ha cumplido con su palabra de que Harris estará presente cada vez que tome una decisión importante, como cuando recientemente anunció la retirada de las tropas norteamericanas de Afganistán.

Pero su agenda va mucho más allá de acompañar al presidente y promocionar sus políticas. Harris ha trabajado entre bambalinas en la presentación de un importante plan de infraestructuras, pero también en la exitosa campaña de vacunación contra la COVID-19. Además, ha contribuido a aprobar un plan de ayudas fiscales cuyo ambicioso objetivo es reducir a la mitad las tasas de pobreza infantil, que afecta, especialmente, a la comunidad afroamericana.

Sin embargo, sus detractores le acusan de no haber movido ficha en la apremiante reforma de la justicia penal o en solucionar la tensión migratoria que Estados Unidos está sufriendo en su frontera sur. Aunque ha mantenido conversaciones con los líderes de México y Guatemala y se espera que visite la zona en junio, los republicanos le acusan de inacción mientras los sectores más progresistas le piden que avance en políticas de regularización. Este será sin duda el gran asunto de su agenda. Y que el tiene una solución más complicada. Aunque solo han pasado 100 días desde su llegada al Ala Oeste, en los aledaños del Despacho Oval no hay treguas. Sobre todo, para quienes aspiran, algún día, a ocupar la oficina más importante del planeta.

SANTANDER WOMENNOW

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