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Jill Biden y Olena Zelenska. Foto: Getty.

Jill Biden y Olena Zelenska: ¿es efectivo el 'soft power' de las primeras damas en tiempos de guerra?

Este fin de semana, Jill Biden visitaba Ucrania por sorpresa para encontrarse con la primera dama del país Olena Zelenska. El encuentro entre 'first ladies' pone sobre la mesa el influyente papel de las primeras damas en el tablero de la geopolítica y la diplomacia internacional.

Ixone Díaz

Por razones de seguridad, la visita ocurrió por sorpresa y Jill Biden apenas pasó dos horas en territorio ucraniano. De viaje en Rumanía y Eslovaquia para ver de primera mano las consecuencias de la guerra y visitar a los refugiados, la first lady norteamericana se desplazó este fin de semana a Úzhhorod, Ucrania, una pequeña localidad al sudoeste del país para encontrarse con Olena Zelenska, primera dama del país y mujer del presidente Volodimir Zelensky. El encuentro tuvo como escenario una escuela pública reconvertida en centro de acogida a los refugiados. En su entrada, las dos primeras damas se encontraron y se fundieron en un abrazo afectuoso. La Casa Blanca quiso hacer coincidir el encuentro con el Día de la Madre, celebrado el pasado fin de semana en Estados Unidos. "Quería venir en el Día de la Madre. Pensé que era importante mostrar al pueblo ucraniano que esta guerra tiene que terminar, que ha sido brutal, y que el pueblo de Estados Unidos está con la gente de Ucrania", explicó Biden.

Zelenska le devolvió el gesto subrayando su coraje. "En primer lugar, quería darte las gracias por este acto tan valiente. Sabemos lo que supone para la primera dama de Estados Unidos venir aquí durante una guerra en la que los ataques militares ocurren todos los días y las sirenas antiaéreas suenan a diario, incluso hoy", explicó Zelenska.

Las dos primeras damas, que habían intercambiado correspondencia desde que empezó la guerra, mantuvieron después una reunión de una hora a puerta cerrada en la que, según ha trascendido, hablaron de la guerra, pero en la que Zelenska también le preguntó a Biden por su trabajo como profesora. 

La prensa norteamericana ha puesto en valor el gesto de Biden. El analista político de CNN y profesor de la universidad de Princeton Julian Zelizer dedicaba su columna a la visita y subrayaba la importancia diplomática del viaje de Biden. Laura Bush fue la última primera dama norteamericana en visitar un territorio en conflicto. Fue en 2008 durante la guerra en Afganistán. 

Ejercitar el conocido como 'soft power' no es una tarea sencilla para las primeras damas. Sin atribuciones específicas y sin sueldo, el cargo de first lady se modela, a menudo, a imagen y semejanza de la persona que lo ejerce. O, como en este caso, en función de las circunstancias. Y en un contexto de guerra, mientras el presidente norteamericano ha hecho explícito su apoyo a Ucrania con sus declaraciones y el envío de millones de dólares en armas (pero también con la información de sus servicios de inteligencia para anticipar los movimientos de las tropas rusas) el trabajo de la primera dama consiste en subrayar ese mensaje de apoyo y amplificarlo en un momento crítico para el conflicto, con Rusia celebrando el aniversario de la victoria sobre los nazis en la Segunda Guerra Mundial

Según el New York Times, el encuentro entre las dos primeras damas responde a una estrategia muy calculada del gobierno de Zelenski en colaboración con la Casa Blanca. "Los mandatarios ucranianos comprenden el poder emocional de las redes sociales y los titulares de la prensa occidental y han invitado a una serie de funcionarios occidentales -y a Bono- al país en los últimos días", explicaba la corresponsal del diario en la Casa Blanca Katie Rogers.

Y Jill Biden, que hasta ahora apenas se había pronunciado públicamente sobre la guerra, se ha convertido en la última pieza de la maquinaria geopolítica norteamericana. Igual que Zelenska, que no había aparecido en público desde que estalló la guerra y que permanece separada de su marido por motivos de seguridad desde que comenzó la invasión rusa. Su abrazo a las puertas de una escuela convertida en centro de refugiados simboliza la influencia del soft power como una herramienta diplomática más en tiempos de guerra.

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