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¿Hay que llevar tacones en la oficina? Foto: Getty

¿Interesa o penaliza llevar tacones en la oficina? Un estudio responde (por fin) a la eterna pregunta

Siempre han sido un símbolo de poder y liderazgo femenino, pero los tiempos han cambiado... ¿O no? Un estudio académico da respuesta a la eterna duda sobre si llevar tacones puede impulsar o entorpecer nuestra carrera profesional.

Elena de los Ríos

Es imposible sustraerse a la complejidad que encierran unos simples zapatos de tacón, castigo y a la vez privilegio de muchísimas mujeres. Las aficionadas sostendrán que en ellos encuentran el empoderamiento de su feminidad y la imagen que quieren proyectar, pero también una seguridad que aumenta en la misma medida en que una se despega del suelo. Las obligadas, sin embargo, los acusan de incapacitantes, ya sea por causar dolor o dificultar los movimientos. Siempre señalados (cuando las mujeres soldado se ven obligadas a usarlos o si las profesionales se plantan ante su obligatoriedad) la solución es fácil: usarlos cuándo y cómo convenga. Con una salvedad: la oficina. Si el entorno laboral obliga a marcar la diferencia de género con tacones, no queda más remedio que calzárselos. Si, por el contrario, ya no es un mandato, podemos elegir. Pero cuidado: sería un error hacerlo basándonos únicamente en nuestra apetencia personal.

Vayamos a las investigaciones, porque pueden aclarar muchísimo la paradójica situación en la que se encuentran, ahora mismo, los tacones. Según un reciente estudio conducido por la profesora de la Universidadde Carolina del Norte Sreedhari Desai, las mujeres que llevan zapato plano son percibidas como más preparadas, serias y profesionales que las que se suben a unos tacones. Cuidado, porque sucede así también en sectores en los que la obligatoriedad de los mismos es prácticamente insalvable, como en hoteles, trabajos corporativos, puestos ejecutivos o en la moda. Esta observación es consistente en todas las franjas de edad, de los 20 años a los 50: tanto evaluadores como evaluadoras dieron más puntuación a mujeres sin tacones. La conclusión es lógica: ¿por qué se obliga a las mujeres a lucir femeninamente sexy si es un factor que se devalúa en la consideración profesional?

Las mujeres que llevan zapato plano son percibidas como más preparadas, serias y profesionales.

Inevitablemente, la respuesta debe al menos considerar que ciertos sectores menoscaban la capacitación femenina para restringir el acceso de estas a los espacios de poder. Estaríamos ante una discriminación por razón del género, al que se califica por llevar una indumentaria considerada frívola y superficial. Con un agravante: negarse a llevar tacones puede ocasionar problemas graves en según qué compañías. En 2016, Nicola Thorp fue sancionada por acudir a su puesto de trabajo en la sede londinense de PricewaterhouseCoopers con calzado plano. Aquel caso hizo que la Cámara de los Comunes elevara una petición para que la obligatoriedad de llevar tacones fuera considerada ilegal. ¿Hemos avanzado desde 2016? Indudablemente sí, aunque no debido a los cambios legislativos.

El creciente deseo de comodidad, junto a la incomprensión mayoritaria de las reglas que se dirigen a un solo género, ha calado en los estilos de vida y afectado al dress code profesional. Ahora sabemos que los tacones, pese a ser bellos y vehicular cierto tipo de poder, también nos discriminan. Pensémoslo: ¿nos interesan?

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