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Crédito: Getty.

Ingrid Betancourt volverá a intentarlo: ¿qué opciones tiene de ser la próxima presidenta de Colombia?

Acaba de anunciar que volverá a aspirar a la presidencia de Colombia al frente de una candidatura centrista. Ingrid Betancourt, que estuvo seis años secuestrada por las FARC, vuelve a la primera línea de la política con la misma promesa de siempre: la lucha sin cuartel contra la corrupción.

Ixone Díaz

"Exactamente hace 20 años fui secuestrada siendo candidata presidencial mientras luchaba contra la corrupción. Ahora, estoy aquí para terminar lo que empecé con la convicción de que Colombia está preparada para cambiar de rumbo". Con estas palabras ha anunciado Ingrid Betancourt su candidatura presidencial al gobierno de Colombia dos décadas después de ser retenida por las FARC en la selva colombiana durante más de seis años.

Betancourt, que siempre ha hecho de la lucha contra la corrupción su principal causa política, ahora se presenta también como la candidata de la reconciliación. "Mi historia es la de todos los colombianos, mientras las FARC nos esclavizaban a mí y mis compañeros, los cárteles de la droga, los violentos y los políticos corruptos les han estado esclavizando a cada uno de ustedes", dijo en su discurso de presentación como candidata del partido centrista Centro Esperanza. Antes de la cita electoral de mayo, Betancourt tendrá que superar unas primarias que se celebrarán en marzo. 

Convertida en un símbolo de la resistencia contra el terrorismo y en una figura de gran autoridad moral fuera de las fronteras colombianas, en su país siempre ha despertado tantas filias como fobias. De ahí que, según algunos analistas, sus opciones sean limitadas. Sin embargo, en un escenario político extremadamente volátil el efecto de su irrupción en la campaña es todavía difícil de calibrar.

Condones contra la corrupción

De padre diplomático y ex ministro, madre congresista y beauty queen y casada en primeras nupcias con otro diplomático colombiano, Betancourt decidió entrar en política siendo una veinteañera. En su primera campaña electoral, repartió preservativos en las calles de Bogotá como metáfora de la necesidad de protegerse contra la corrupción igual que se hacía contra el sida. Después de convertirse en congresista, en 1998 Betancourt logró un asiento en el senado y empezó a preparar su asalto a la presidencia de Colombia con un discurso fresco e irreverente y una agenda que además de luchar contra la corrupción defendía un ideario pacifista y ecologista. En 2002, durante uno de los viajes de su campaña electoral, Betancourt fue secuestra por las FARC. 

Después de seis años de cautiverio en las profundidades de la selva amazónica, donde sus secuestradores solían atarla a un árbol con cadenas para sofocar sus intentos de fuga, en 2008 fue rescatada en una operación militar del gobierno colombiano. Betancourt, que se retiró de la vida pública y contó su experiencia en el libro 'No hay silencio que no termine', se convirtió en un símbolo del conflicto en todo el mundo. En 2016, el gobierno colombiano firmó un acuerdo de paz con las FARC que Betancourt apoyó públicamente para resolver un conflicto que ha dejado más de 200.000 muertos y nueve millones de personas registradas como víctimas.

La única candidata

Instalada en Francia desde su liberación y alejada del escaparate público y mediático, se mudó al Reino Unido para completar un doctorado en Teología en la Universidad de Oxfod. Ahora, Betancourt aterriza de nuevo en la escena política colombina en medio de un clima particularmente inestable: la impopularidad del actualidad presidente Iván Duque y las masivas manifestaciones del año pasado dejan un escenario electoral tan incierto como abierto para ella.

Si supera las primarias de marzo, en mayo llegará a la cita con las urnas con el político de izquierdas Gustavo Petro como principal rival en los comicios, pero también como la única candidata femenina. Y según dicen algunos analistas, esa podría ser, precisamente, su mejor baza electoral. 

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