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Fachada del Hotel Palacio de Samaniego.

Hotel Palacio de Samaniego, la lujosa esencia de la familia Rothschild en un pequeño pueblo de La Rioja alavesa

Entre viñedos y bajo la impresionante Sierra de Cantabria, este palacio del siglo XVII en el que convergen tradición y lujo contemporáneo lleva el sello de una de las familias más ricas del mundo: los Rothschild.

Carolina Rodríguez

Con una población que apenas supera los 300 habitantes, Samaniego esconde una joya arquitectónica convertida en hotel boutique de lujo. Propiedad de los Rothschild, una de las familias más influyentes y adineradas del mundo, este alojamiento escondido en un paisaje de montañas y rodeado de viñedos es perfecto para una escapada rural o para disfrutar de las vacaciones de Semana Santa. El hotel se suma a una oferta hotelera que va desde las impresionantes bodegas-hotel de la zona hasta otros alojamientos con encanto, como el nuevo Santa Maria de Briones, a apenas 12 kilómetros.

Situado en la frontera entre La Rioja y el País Vasco, el municipio alavés de Samaniego no solo invita a recorrer sus calles empedradas sino también a apreciar kilómetros de campos dedicados a la explotación vinícola enmarcados por las montañas rocosas de la Sierra de Cantabria y muy cerca de otros pueblos con encanto como Briones o Laguardia.

En este idílico entorno nace, en 2017, el Hotel Palacio de Samaniego. La casa solariega que hoy acoge el hotel había sido sacada a subasta antes de que los Rothschild, que ya eran copropietarios de las cercanas Bodegas Macan, la encontrasen y decidieran convertirlo en hotel. La Baronesa Ariane de Rothschild, que dirige el negocio hotelero de la familia,  se involucró personalmente en el proyecto utilizando su colección privada de arte para adornar sus paredes, como las piezas de arte indonesias y amazónicas o el Cristal de Murano que otorgan sofisticación y una pizca de exotismo a los interiores. 

De hecho, El Palacio de Samaniego presume de ser el primer hotel en el extranjero de la firma Edmund de Rothschild Heritage, garantía de exclusividad y lujo. Con solo nueve habitaciones, cuidadosamente decoradas, diferenciadas entre sí y bautizadas en honor a las distintas variedades de uvas que crecen en  la zona, su apuesta por el lujo y la intimidad es decidida. En las zonas comunes convive la rusticidad de un edificio clásico con el estilo más contemporáneo y chic.

Y en su restaurante Tierra y Vino, se reinterpretan especialidades locales que están a caballo entre la cocina ibérica y la vasca.  Su menú incluye elaboraciones refinadas, llenas de color y sabor, capaces de cautivar a los paladares más exigentes. Todo, acompañado, por supuesto, por los mejores vinos de la región.

Fuera del hotel, Samaniego ofrece muchos planes atractivos. Esta región del norte de España es un vergel por el que perderse paseando o en bici para disfrutar de su naturaleza o de los atardeceres de postal sobre las imponentes peñas de la Sierra de Cantabria. Obviamente, el plan de viaje debe incluir una parada en las bodegas de la zona (la oferta es interminable), pero también una visita a los famosos dólmenes prehistóricos característicos de esta región. En el cercano pueblo de Elvillar puede visitarse el dolmen de La hechicera.

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