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Barbizon 63, el hotel 'women only' en el que vivieron Grace Kelly, Liza Minnelli y Joan Didion

Fue el hotel para mujeres más famoso de Nueva York entre los años 40 y 60. Por las habitaciones del Barbizon pasaron estrellas como Grace Kelly o Liza Minnelli y escritoras como Joan Didion y Sylvia Plath. Ahora, un libro resucita la historias de las más de 350.000 mujeres que vivieron allí.

Llegaban de todos los puntos de Estados Unidos para probar suerte en Nueva York. Eran actrices, modelos, estudiantes de arte, ballet o diseño, pero también veinteañeras de buena familia que aspiraban a conseguir un trabajo de secretaria en alguna oficina de la ciudad. El Barbizon 63, conocido durante una época como "la casa de muñecas", fue el hotel para mujeres más famoso de Nueva York entre los años 40 y 60. Ahora, la historiadora Paulina Bren cuenta su fascinante historia (y la de residentes tan famosas como Grace Kelly o Liza  Minnelli) en el libro 'Barbizon: The Hotel That Set Women Free'.

Inaugurado en 1928,  a finales de los años 40 el Barbizon empezó a recibir a una nueva generación de mujeres que ya no querían vivir confinadas entre las cuatro paredes de su hogar. Soñaban con conocer mundo, divertirse y, sobre todo, trabajar. Muchas también aspiraban a encontrar un buen marido en la ciudad. Para ellas, un hotel de mujeres era su primera experiencia independiente; para sus familias, el Barbizon era una opción segura, que les garantizaba una vigilancia constante.

Vivir en el Barbizon, situado en el número 140 de la calle 63 en el Upper East Side, fue la condición innegociable que el padre de Grace Kelly le puso a la futura princesa de Mónaco cuando se mudó a Nueva York a finales de los 40. Mientras residía allí, Kelly dio sus primeros pasos en el mundo de la interpretación y fue fichada por una agencia de modelos. Judy Garland también insistió en que su hija, Liza, se instalara en el hotel. Cuando la estrella llamaba por teléfono a su habitación y su hija no contestaba, exigía que los empleados del hotel la buscaran hasta en el último rincón del edificio.

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Por el Barbizon también pasaron otras actrices como Joan Crawford y escritoras como Joan Didion y Sylvia Plath. La mítica sufragista, socialité y superviviente del Titanic Molly Brown fue una de las primeras huéspedes del hotel en 1931. Y J.D.Salinger, el famoso y esquivo autor de 'El guardián entre el centeno', solía frecuentar su cafetería para entablar conversación (y lo que pudiera surgir) con las residentes, como hacían muchos otros hombres de la ciudad.

Con una exclusiva política de admisión, las solicitantes debían presentar sendas cartas de recomendación y cuando demostraban que tenían medios económicos para pagar el alquiler, su belleza se convertía en el siguiente criterio de exclusión. Según la historiadora, la reputación del Barbizon dependía, en gran medida, del (buen) aspecto de sus residentes.

Por 18 dólares a la semana, las huéspedes disfrutaban de habitaciones pequeñas de decoración austera, pero individuales y con hilo musical. Entre las actividades organizadas por el hotel había juegos de cartas, sesiones nocturnas de lectura y té gratis todas las tardes. Las instalaciones incluían piscina, solárium y una espectacular azotea con jardines. Pero las normas del hotel eran muy estrictas: nada de alcohol en las habitaciones y, por supuesto, nada de hombres. De hecho, por las noches, los operarios de los ascensores eran sustituidos por mujeres. Por aquello de evitar las tentaciones...

Hasta mediados de los 60, el hotel vivió su particular edad de oro. Pero con el auge del movimiento feminista, la clientela cambió de manera repentina y el modelo de hoteles para mujeres, que durante una época fueron muy populares en la ciudad, empezó a cuestionarse. En los 70, el concepto se había quedado anticuado y aunque sus propietarios lucharon en los tribunales por continuar siendo un establecimiento exclusivamente femenino, las reservas se desplomaron. Después de varias reformas consecutivas, en 2005 el Barbizon cerró al público y en 2007, se convirtió en un edificio de apartamentos de lujo.

Todavía hoy cinco de sus antiguas residentes, apodadas "las mujeres", viven en el edificio después de ganar sucesivas batallas legales por conservar sus antiguas (y muy asequibles) rentas.

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