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Jane Fonda recibió el premio Cecil B. DeMille a toda su carrera. Foto: Getty.

Jane Fonda, Chloé Zhao, Jodie Foster y otras cuatro mujeres que han salvado los Globos de Oro más extraños

En una gala tan distópica y surrealista como la propia pandemia, las estrellas se conjuraron para celebrar el cine aunque fuera a través de Zoom y en pijama. Siete mujeres (y un maravilloso hombre) consiguieron salvar el 'show' gracias a una cóctel de discursos apasionados, chistes con mala leche, besos icónicos y momentos lacrimógenos. Todo muy 'made in' Hollywood.

No hubo alfombra roja ni desfile de estrellas, sino dos escenarios (uno en Los Ángeles; otro en Nueva York) y conexiones en directo con el salón de los premiados. Algunos con su 'look' 'red carpet' en perfecto estado de revista; otros, en sudadera, vaqueros o pijama. La gala de los Globos de Oro, en la que destacó el triunfo de la película 'Nomadland' y de las series 'The Crown' y 'Gambito de Dama' fue extraña porque no podía ser de otra manera. Y, a pesar de todo, tuvo sus momentos y sus protagonistas.

- Tina Fey y Amy Poehler. Solo dos maestras de la comedia como ellas podían salvar los platos con tan buen oficio y tanta gracia. Su monólogo funcionó pese a que Fey estaba en Nueva York y Poehler, en Los Ángeles. Chistes a costa de los nominados, bromas sobre los rigores de la pandemia y un par de dardos envenenados contra la Asociación de la Prensa Extranjera en Hollywood que repartía los premios y que en los últimos días ha sido señalada por la falta de diversidad de sus miembros y otra serie de pecados originales...

- Jane Fonda recibió el premio Cecil B. DeMille a toda su carrera y por eso, fue una de las pocas invitadas presenciales de la gala. En su discurso, invitó a reflexionar sobre la diversidad ("a quién se ofrece un lugar en nuestra mesa y a quién se aparta") y su estilismo se puso al servicio de su activismo medioambiental. Fonda, que hace dos años anunció que no volvería a comprarse ropa, lució un traje de chaqueta blanco que encontró en su fondo de armario. Y estaba estupenda.

- Chloé Zhao hizo historia al convertirse en la segunda mujer (y la primera asiática) en ganar el Globo de Oro a la mejor dirección por su película 'Nomadland', que también se llevó el premio a la Mejor Película. Vestida con una sencilla camiseta y luciendo dos trenzas, Zhao agradeció el reconocimiento hablando sobre su amor por las películas. "Me enamoré del cine y del oficio de contar historias porque nos da la oportunidad de reír y llorar juntos. Y nos permite aprender los unos de los otros y tener más compasión por los demás".

- Andra Day y su desbordante emoción (y la de toda su familia) al recibir el premio a la mejor interpretación femenina por ponerse en la piel de la legendaria Billie Holiday en 'The United States vs. Billie Holiday'. Como no podía ser de otra manera, se lo dedicó a ella. "A la maravillosa, transformadora y dinámica Billie Holiday, que con su presencia y su espíritu me transformó para este papel".

- Simone Ledward Boseman puso la nota emotiva de la noche al aceptar el premio póstumo a su marido, Chadwick Boseman, fallecido el año pasado víctima del cáncer y protagonista de 'La madre del blues'. Lloró e hizo llorar a todos. "El hubiera dicho algo precioso, algo inspirador, algo que hubiera amplificado esa voz que te dice que tienes que seguir intentándolo, que te recuerda lo que deberías estar haciendo en este momento de la historia".

- Jodie Foster ganó el premio a la mejor actriz de reparto por 'The Mauritanian' y protagonizó el momento más icónico de la noche al celebrarlo proclamando su amor por su mujer (“I love my wife!") y plantándole un apasionado beso delante de la cámara de su ordenador y en pijama. Insuperable.

- Y Mark Ruffalo volvió a demostrar por qué es uno de esos hombres por los que se derriten las mujeres. Sentado junto a su mujer en el salón de casa, cuando se anunció su premio por 'I Know This Much Is True' sus dos hijos saltaron a abrazarle mientras él trataba de articular su discurso y su mujer lloraba emocionada. Los Ruffalo lograron dibujar una sonrisa bobalicona en los espectadores con una estampa familiar perfecta en la gala más casera (y menos glamurosa) de la historia.

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