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By WomenNow

17, Noviembre, 2021

Crédito: Getty.

Tres estrategias para neutralizar el molesto 'manterrupting' en las reuniones de trabajo

Convertido en un problema que ha alcanzado, incluso, al Tribunal Supremo de Estados Unidos, la molesta costumbre de algunos hombres de interrumpir a las mujeres en los entornos laborales, puede atajarse. Te explicamos cómo esquivar el 'manterrupting'.

Elena de los Ríos.

La investigación sobre las dinámicas de hombres y mujeres en relación al discurso ha descubierto fenómenos interesantísimos que, hasta ahora, pasaban totalmente inadvertidos. Hablamos del ‘mansplaining’, el ‘manologue’ y el ‘manterrupting’, tres formas en las que ellos ocupan, controlan y dominan la conversación.

Conocemos el ‘mansplaining’ como esa costumbre de explicar asuntos, de manera paternalista, a las mujeres, incluso aunque estas sean verdaderas expertas. El ‘manologue’ tiene que ver con esos larguísimos monólogos no requeridos. El último fenómeno en alcanzar visibilidad y relevancia es el ‘manterrumpting’: las interrupciones constantes que sufrimos las mujeres en las reuniones de trabajo y que pueden convertirse en un auténtico problema.

Una reciente investigación del Tribunal Supremo de Estados Unidos desveló que los jueces interrumpían tres veces más a sus colegas si estas eran mujeres. Sonia Sotomayor, magistrada del alto tribunal, ha explicado que el irritante fenómeno ha provocado un cambio en el sistema que regula las intervenciones de los miembros del tribunal. Todos recordamos también el debate electoral entre Mike Pence y Kamala Harris en el que la ahora vicepresidenta de Estados Unidos tuvo que repetir una y otra vez: "Señor vicepresidente, estoy hablando yo". De hecho, distintos estudios han demostrado que los hombres interrumpen un 33% más si hablan con mujeres.

Todas estas estrategias de control del discurso, el ‘manterrumpting’ incluido, suelen conectarse con la llamada ‘debilidad de la masculinidad’, una identidad que necesita ser reforzada constantemente con este tipo de actuaciones de dominio. Para neutralizarla sin provocar enfrentamientos ni situaciones tensas, una primera estrategia es seguir el ejemplo de Kamala Harris: evitar la interrupción utilizando frases como ‘estoy hablando’, ‘no he terminado’ o ‘permite que termine mi argumentación’.
A la hora de ponerle límites a nuestro interlocutor, puede ser necesario recurrir a un lenguaje corporal que subraye la advertencia: una sonrisa firme, un gesto con la mano o, incluso, levantar levemente la voz. Tampoco nos ayuda hablar demasiado rápido, pues denota falta de autoridad. En cambio, utilizar un ritmo pausado es síntoma de poder y hace ver que estamos seguras de que vamos a ser escuchadas durante el tiempo que haga falta.

Por último, podemos aprender a matizar el tono de voz para favorecer las frecuencias más graves: los estudios demuestran que las voces más agudas son etiquetadas como infantiles. Pero cuidado: si tu voz es aguda, no te disculpes por ella.

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