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Ana Rosa Quintana: "Nos ha faltado ver la realidad de lo que estaba ocurriendo"

Carlos Alvarez/Getty Images.

Ana Rosa Quintana: "Me preocupa mucho que la sociedad acepte la mentira"

Cree que en la crisis del coronavirus se han mostrado "muchos aplausos y poco dolor". Tras 15 años liderando audiencias en las mañanas, la periodista Ana Rosa Quintana considera el éxito "algo coyuntural".

Es la reina indiscutible de las mañanas. Durante estos últimos meses la hemos visto cada día al pie del cañón para mostrar a los espectadores la realidad de la pandemia. Hoy hablamos con Ana Rosa Quintana, en una entrevista en la que han colaborado MujerHoy, WomenNOW e Inspiring Girls.

Con Ana Rosa Quintana hablamos de temas como el periodismo en tiempos de pandemia, de cómo las mujeres líderes han gestionado mejor la crisis o del liderazgo de las mujeres.

Puedes ver aquí la entrevista completa

Por MARÍA EIZAGUIRRE

Los periodistas nos hemos convertido en un servicio esencial para trasladar a los ciudadanos toda la información referente al coronavirus. ¿Cómo has vivido la pandemia?

La verdad es que ha sido muy duro personalmente y profesionalmente. Nosotros en el programa, antes incluso del Estado de Alarma, empezamos a tomar precauciones. La mitad del equipo estaba en su casa y la mitad trabajando. Te levantabas y cuando ibas a trabajar las calles estaban absolutamente desiertas, en la tele no había nadie, no te encontrabas con nadie… Una sensación extrañísima. Luego volvía a casa con mis hijos y con mi marido y tenía esa sensación de "yo puedo traer el virus". Me he pasado tres meses sin abrazar a mis hijos.

Cinco horas diarias de programa. ¿Nos ha faltado a los medios empatía a la hora de contar el sufrimiento por el que estaban pasando miles de personas?

Nos ha faltado ver la verdad, ver la realidad y lo que estaba ocurriendo. No hemos visto enfermos, no hemos visto a las personas que llegaban a los hospitales y que a lo mejor estaban un día entero sentados en una silla con 39 de fiebre. No hemos visto los cadáveres en las morgues. No hemos visto nada de lo más crudo de esta pandemia. Creo que a lo mejor mucha de la gente que ahora se está tomando esto un poquito más a la ligera, si hubieran visto estas imágenes, estarían más concienciados. Nosotros entendimos que lo que había que hacer era estar cerca de la gente y con los sanitarios. Y he notado, en muchas informaciones, demasiados aplausos... no a los sanitarios, en general. Muchos aplausos y muy poco dolor. Creo que ha habido mucho más dolor de lo que hemos reflejado.

Estamos en el siglo, dicen, de la información. Todo absolutamente es comunicación. ¿Crees que existe una batalla actualmente por el relato?

Esta batalla va a acabar decidiéndola un juez. Y creo que politizar el dolor y el miedo no es ético. Pero es verdad que tendremos que llegar a un momento en el que habrá que saber qué ha pasado y si ha habido negligencias, sean de quien sean. Y luego, sobre todo, tenemos que llegar a un momento en que sepamos la verdad. La verdad de cuántas personas han fallecido en nuestro país, por ejemplo.

Se habla mucho del derecho a la información, de la libertad de expresión y, ahora, del derecho a la verdad. ¿Por qué la mentira, al menos eso parece, no penaliza?

Pues eso es algo que en política siempre ha penalizado. Hasta ahora. Y yo creo que ahora estamos asumiendo demasiadas mentiras. Y no pasa nada. Que es una cosa muy sorprendente. Hay que distinguir entre bulo y mentira. Mezclar todo no me parece muy conveniente. Me preocupa mucho que la sociedad acepte la mentira.

Después del trabajo volvía a casa con mis hijos y con mi marido y tenía esa sensación de "yo puedo traer el virus". Me he pasado tres meses sin abrazar a mis hijos.

La verdad debería ser algo irrenunciable en cualquier democracia. ¿Cómo vives los ataques en las redes sociales? ¿Te pesa a la hora de tomar decisiones?

No. En las redes sociales yo participo poco, precisamente porque, ¿para qué? Si tengo que decir algo importante lo digo una vez y una vez cada tres meses. El de las redes es un mundo paralelo donde se practica mucho el insulto, el acoso. Bueno, supongo que hay gente que tiene problemas y es una forma de sacar su rabia.

La línea entre información y opinión, información y propaganda y, sobre todo, la línea entre bulo y crítica empieza a ser muy difusa. ¿Cuál es el precio de la independencia?

El precio de la independencia es que al final estás solo. Y que cuando gobierna un partido y tú haces la crítica a ese partido, si crees que tienes que hacerla o tienes motivos para hacerla, pues entonces eres de un lado. Cuando gobiernan los otros pues eres del otro. Creo que se entiende mal la independencia. Ahora estamos viviendo un momento muy complicado para los medios de comunicación, con muchos problemas económicos. Creo que el público tiene que empezar a distinguir entre los medios que son independientes y los medios que son afines a unos o a otros.

Empezaste en la radio, seguiste con la televisión. ¿Por qué decidiste ser periodista?

Yo quería ser periodista porque me gustaba la radio. Lo más apasionante de nuestra profesión es vivir intensamente el tiempo en el que te ha tocado vivir. Ser testigo de lo que ocurre. Es una suerte ser periodista.

Tu programa es seguido por miles de personas, eres una líder indiscutible, todo lo que dices tiene muchísima repercusión. ¿Para qué debería servir el liderazgo, el poder?

Para hacer mejor la vida de las personas. Yo lo tengo claro: nosotros informamos, pero también acompañamos . Hay mucha gente sola. Y hay mucha gente para la que posiblemente yo sea bastante más cercano que su prima o que su sobrina. Ahora nos ha tocado informar de esto, que ha sido un shock en la sociedad. Yo creo que esta es una crisis de la que estamos saliendo por la responsabilidad de los ciudadanos.

¿Qué es el éxito, Ana? ¿Crees que te ha cambiado, que te ha hecho renunciar a tus raíces?

Yo creo que no, pero, vamos, son siempre las cosas que tienen que decir los demás. Yo creo que sigo teniendo los mismos amigos, las mismas fidelidades, sigo viviendo en la misma casa. Mi vida privada pues es exactamente la misma. Y el éxito es algo coyuntural. Es algo que llega y que pasa y que no hay que creérselo mucho. Que igual que estás, no estás. Por eso yo no tengo ni una foto familiar en mi trabajo. Por si acaso me tengo que ir, cojo mi bolso y me voy.

El éxito es algo coyuntural. Igual que estás, no estás. Por eso yo no tengo ni una foto familiar en mi trabajo. Por si acaso me tengo que ir, cojo mi bolso y me voy.

Además de periodista eres empresaria. ¿Qué barreras son las que te has encontrado en el camino y te han hecho más fuerte?

El día que yo escriba unas memorias de las cosas que me han pasado… Y situaciones muy duras. Como periodista, la verdad es que siempre me he sentido muy valorada desde que empecé. Como empresaria me ha costado mucho más. Porque es un mundo mucho más masculino. Las mujeres que son propietarias de empresas, consejeras delegadas... son una minoría. Y luego, cuando llega una mujer a dirigir equipos grandes, siempre hay alguien que entiende que tú no debes ser la jefa, que debe llevar corbata o, me da igual, camiseta.

Feminista convencida. Eres una de las ponentes de la próxima edición de WomenNOW Summit. ¿Qué da poder a una mujer?

La independencia. La autonomía. Lo más importante es tener un camino. Y si tú tienes un camino, tú puedes elegir y ser dueña de tu propio destino. Sin depender de nadie, y para eso... hay que estudiar, hay que trabajar y hay que tener ambición. La ambición es una cosa buenísima. Y libertad.

Invertir en una mujer es un valor seguro. Diversos informes hacen hincapié en lo rentable que son para las empresas las mujeres. ¿Qué hace falta para que se apueste por esa igualdad real?

Poco a poco vamos consiguiendo que la brecha salarial se vaya acabando. Pero queda mucho por hacer. Al final, los peores trabajos y peor pagados los suelen hacer las mujeres. Y cuando llegas a un nivel, pues es verdad que todavía existe el techo de crista. Solo hay que ver las fotos de la gente que realmente decide, de las grandes empresas, de líderes, de los consejos de administración. Cuando las mujeres lleguen y exista paridad, creo que la sociedad será mejor.

Decía que eres empresaria, ¿qué opinión te merecen las cuotas? ¿A favor, en contra?

Si no pones una cuota en los consejos de administración, no vamos a llegar nunca. Por ejemplo, sin las listas cremallera posiblemente no habría tantas mujeres en el congreso. Hemos vivido tropecientas elecciones el año pasado y ni una candidata a la presidencia del gobierno… Y ahora estamos viendo que los países que estaban dirigidos por mujeres son los que mejor han sorteado esta pandemia.

¿Ser madre sigue penalizando a la hora de promocionar a una mujer?

Pues no lo sé. Yo creo que también hay una decisión previa, que es con quién tienes los hijos. Esa decisión también es muy importante. Las mujeres tenemos que unirnos con parejas que nos valoren, que nos respeten y que entiendan que la familia es una cosa de dos. Además, las mujeres tenemos que empezar a delegar.

¿Has sido alguna vez la única mujer en una mesa?

¡Sí! Muchas veces. La última, en un aniversario en el que no sé si llegábamos al 10% las mujeres. Y porque vino la reina, si no, baja la cuota.

¿Qué mujeres te han marcado, te han influido?

A mí me gustan las mujeres valientes. Porque en la vida hay que tirar hacia adelante. Y uno ya aprende cuando van pasando los años que aquí no regalan nada a nadie. Y a las mujeres menos. Por ejemplo, yo recuerdo que estaba de corresponsal en Nueva York cuando fue el atentado contra Indira Gandhi. Fue tan importante que hubiera una mujer en ese momento... O Michelle Obama, una mujer negra que no es solo la mujer del presidente, sino una persona con una carrera brillante. En definitiva, esas mujeres que cogen la vida, son valientes, se exponen, dan pasos adelante, rompen barreras. Escritoras, políticas, directoras de orquesta… esas mujeres que siempre se dejan mucha piel en el camino

Me influyen esas mujeres que cogen la vida, son valientes, se exponen, dan pasos adelante, rompen barreras. Escritoras, políticas, directoras de orquesta… esas mujeres que siempre se dejan mucha piel en el camino.

Una curiosidad, Ana, ¿qué te gustaría ser de mayor?

¡¡Pues es que no me imagino!! Porque yo ya soy mayor... Y creo que, más que ser, me gustaría seguir teniendo curiosidad, ilusión, proyectos. Yo creo que podré cambiar de actividad, tampoco voy a estar presentando un programa de televisión con el andador. Creo que soy emprendedora, creo que algo inventaré.

Si tú no dices quién eres, otros dirán quién no eres. ¿Quién es Ana Rosa Quintana?

Pues soy una chica de barrio, de una familia media. Media, media. Con los típicos padres que trabajan, que llegan a fin de mes, pero nada más. Con mucha libertad en la casa. Y que soñaba con trabajar en una radio de redactora. Yo jamás soñé con otra cosa. Luego la vida te pone retos y también hay que ser valiente para cogerlos. Creo que he sido valiente. Y que he sido valiente también en mi vida personal cuando he tenido que tomar decisiones duras... tomarlas porque uno tiene derecho a ser feliz.

¿Cuáles son los valores que más aprecias y en los que educas, por tanto, a tus hijos?

Como solo tengo hijos varones soy muy insistente con el tema de la igualdad. De la igualdad y de valorar a sus compañeras, entender que son amigas. La igualdad. Es que es fundamental para la felicidad de los hombres también. Es que estamos hablando de las mujeres, pero, ¿y los hombres? Es que los hombres son más felices cuando tienen al lado a una mujer que es igual que ellos, que comparten todo. También son mucho más felices. Que pueden ver crecer y participar en la educación de los hijos, ¿no? La tolerancia. El respeto a las ideas de los demás. La libertad. Y ser buena persona.

¿Con qué te emocionas?

Uff… yo soy muy llorica. Bueno, no soy nada llorica para lo gordo. Cuando pasan cosas gordas aguanto mucho. Y creo que soy bastante resistente. Pero, luego me emociono con una señora que me está contando su historia o con una película. O con cualquier cosa que sea emotiva, humana.

¿Y qué te saca de tus casillas?

Los mentirosos. Los mentirosos y los que creen que son mejores y más listos que los demás. La gente que no trata con respeto a los otros. Tú puedes perdonar muchas cosas, pero no que la gente sea maleducada o desprecie a los demás.

Yo no tenía a nadie en mi entorno que fuera periodista, ni familia con ochocientos apellidos. He ido a la universidad pública. He ido a colegios públicos. Pero si quieres algo, si trabajas, si te formas, si te rodeas bien, si eliges bien tus amistades, si crees en ti mismo, lo puedes lograr.

En la Fundación Inspiring Girls enseñamos a las niñas a aprender que no tienen límites. Un consejo para todas esas chicas para las que igual su sueño es precisamente llegar a ser periodista.

Bueno, yo creo que cuando alguien tiene un sueño, una vocación o un deseo hay que luchar por ello. Y no te puedes cansar. Después, que cuando te llegan los trenes de tu vida, hay que tener muy claro que hay que estar preparado. Hay que ser valiente para coger el tren, pero hay que estar preparado para cogerlo. Entonces, si lo he conseguido yo, lo puede conseguir cualquiera. Yo no tenía a nadie en mi entorno que fuera periodista, ni familia con ochocientos apellidos. He ido a la universidad pública. He ido a colegios públicos. Pero si quieres algo, si trabajas, si te formas, si te rodeas bien, si eliges bien tus amistades, si crees en ti mismo, lo puedes lograr.

¿Cómo te gustaría ser recordada?

Por haber servido para algo. Por haber acompañado a las personas que lo necesitaban. Por hacer algo útil.

Ayúdame a terminar esta frase: El mundo es de…

Las mujeres y los hombres.

 

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