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By WomenNow

24, Febrero, 2022

Crédito: Getty.

Las verdades incómodas de Emma Thompson: cómo convertirse en una supermujer llevándole la contraria al mundo

"A las mujeres nos han lavado el cerebro para que odiemos nuestros cuerpos", decía hace unos días Emma Thompson en un discurso que se ha hecho viral. A sus 62 años, la actriz británica es el mejor ejemplo de lo que significa sobrevivir a las tiranías del 'showbusiness' sin morderse la lengua.

Elena de los Ríos

Es algo que, seguramente, ya tienen en cuenta los organizadores de premios, festivales y simposios. El peligro acecha cada vez que una mujer mayor de 50 años toma posesión de un atril, de unas cámaras, de unos micrófonos. La última, Emma Thompson (Londres, 1959), revolucionaba hace unos días la Berlinale (donde triunfó la directora española Carla Simón) con unas declaraciones que han resonado en todo el mundo. "A las mujeres nos han lavado el cerebro para que odiemos nuestros cuerpos. Es un hecho", dijo ante decenas de periodistas. Arrancó los aplausos de la descreída crítica, poco acostumbrada a contemplar el imponente espectáculo de una mujer que ya no está sujeta por nada. A sus 62 años, Thompson es la imagen más factible que tenemos de una supermujer, la auténtica heroína tras la mascarada juvenil de Wonder Woman.

Imperfección y libertad

Bella, libre y con un talento descomunal, Emma Thompson se ha investido a sí misma con el poder de decir la verdad. ¿Para qué seguir la corriente si ya no la necesita para nada? En Good Luck to You, Leo Grande, su última película, se desnuda literalmente para interpretar a una viuda de 55 años que alquila los servicios sexuales de un escort. Este papel la obligó al complicado ejercicio de aceptar, en toda su divina imperfección, su cuerpo de 62 años. "Todo lo que nos rodea nos recuerda lo imperfectas que somos: todo está mal con nosotras. Todo está mal y tienes que mostrarse de una determinada forma", dijo la actriz en la rueda de prensa. "Acércate a un espejo sin moverte, quítate la ropa y no te muevas. Acéptate, acéptate y no te juzgues. Es lo más difícil que he tenido que hacer nunca".

No es la primera vez que Emma Thompson, hija de la actriz escocesa Phyllida Law y novia en la universidad de Hugh Laurie (sí, el doctor House), grita que el emperador va desnudo. Muchas verdades incómodas han salido de la boca de esta actriz prodigiosa, que en los 90 encarnó el sueño de unos nuevos Laurence Olivier y Vivien Leigh junto a su primer marido, Kenneth Branagh. Juntos hicieron películas inolvidables, como Enrique V (1989), Los amigos de Peter (1992) o Mucho ruido y pocas nueces (1993). Ya entonces, cuando era la mitad de una pareja de oro, se manifestó en contra de la Guerra del Golfo o en favor de la causa palestina, pero como era joven y aún no poderosa se interpretaba como una excentricidad.

Todo lo que nos rodea nos recuerda lo imperfectas que somos

Es el tiempo, el prestigio y los premios lo que ha dado poso y potencia a sus declaraciones. Recordemos: es la única persona en toda la historia que ha ganado un Oscar a la interpretación, por Regreso a Howards End (1992), y al guion, por su adaptación de la novela de Jane Austen Sentido y sensibilidad (1995). Entonces, aún se las consideraba poco más que romanticismo decimonónico para señoras, sin mayor densidad. En su discurso, Thompson subrayó la mirada de quien sabe entender la aparente intrascendencia de lo femenino como una opresión. Dijo: "Gracias a Sidney Pollack (el productor) por hacerse la pregunta adecuada: ¿Por qué estas mujeres no pueden salir a trabajar. Efectivamente, ¿¡por qué!?".

A cada cosa por su nombre

En 2010, el periódico Daily Telegraph se preguntaba en un titular: "¿Es Emma Thompson un tesoro nacional o la mujer más irritante del Reino Unido?". Tenía ya un considerable poder en la industria y cada vez menos ganas de callar verdades. En 2013, desveló que había amenazado con irse del rodaje de Retorno a Brideshead: "Había una actriz maravillosa, exquisita, pero los productores la animaron a perder algo de peso. Les dije: "Si le decís eso otra vez, me voy". En 2014, se subió al escenario de los Globos de Oro con los zapatos en la manos: “Quiero que sepáis que este rojo es de mi sangre”, dijo refiriéndose al interior de unos altísimos Louboutin. En 2015 afirmó que el sexismo en Hollywood no ha cedido: "No hay mejora. Las actrices jóvenes lo tienen incluso peor que en mi juventud". Y a propósito de Harvey Weinstein, en 2017 aclaró que estábamos ante "un depredador sexual, no un adicto".

En 2019 defendió los derechos de las personas trans y abandonó el rodaje de la película Luck al saber que John Lasseter, señalado como acosador sexual por un grupo de empleadas, era el director. "Soy consciente de que siglos de licencias sobre los cuerpos de las mujeres, quieran o no, no cambiarán de la noche a la mañana. O en un año", confesó entonces. "Pero también soy consciente de que si las personas que han hablado en público, como yo, no toman este tipo de postura, es muy poco probable que las cosas cambien al ritmo que se necesita para proteger a la generación de mi hija".

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