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Craftivismo. Crédito: D.R.

'Craftivismo' o cómo bordar (y subir tus creaciones a Instagram) se ha convertido en una forma de activismo

Descubre el mensaje que se esconde detrás una tendencia impulsada por el confinamiento y que tiene un revés mucho más potente, más político y menos 'cuqui' del que te esperas.

Marita Alonso

Te habrás dado cuenta de que en tus redes sociales las clases de cerámica y los bordados son casi tan habituales como las fotos de un instagrameable atardecer. La sorpresa es que no se trata de una mera tendencia sino que, en muchos casos, está asociada con el activismo. Disculpad: craftivismo. Así se conoce a la práctica creativa vinculada a las causas políticas o sociales. Y es que no todo este verano va a ser disfrutar de un cóctel en las mejores terrazas con piscina

El término lo acuñó la escritora americana Betsy Greer en 2003 y su intención no era otra que hacer de este, un mundo mejor. Y el confinamiento fue el responsable, en un intento por alejarnos de las pantallas de teléfonos y ordenadores y de abrazar de nuevo la tangibilidad, de acercarnos a algo más auténtico. Aunque sus beneficios son muchos y abarcan desde la reducción del estrés hasta el aumento de esa concentración de la que el multitasking (impuesto, por descontado) y la sobreinformación nos alejan, el activismo como finalidad es el ingrediente diferenciador de esta tendencia.

¿Recuerdas la capa de Dior con la que Natalie Portman recordó en los Oscar de 2020 los nombres de las directoras que no habían sido reconocidas en aquella edición? Pues ahí tienes uno de los ejemplos más mainstream de esta práctica. Tradicionalmente, el bordado se ha asociado con el papel de la mujer como cuidadora y con su actividad doméstica, por lo que siempre ha sido considerado menos importante que las actividades vinculadas a los hombres. Y por eso, el que un tipo artesanía de raíces femeninas sirva como arma reivindicativa es realmente significativo. 

El craftivismo existe en todo el mundo. En México, el colectivo Fuentes Rojas, que reclama el espacio público mediante el bordado, lo utiliza para recordar a los desaparecidos o asesinados en el país. Y en Argentina, la activista Anush Grati ha creado el grupo 'Bordando Disidencias'. Desde hace miles de años, la artesanía ha acercado a la gente hacia problemáticas, causas y comunidades de una forma que, pese a no suponer una confrontación directa, resulta igualmente radical.

Desde las arpilleras de Chile hasta el movimiento Swadeshi, todos han empleado la artesanía para intentar hacer del mundo un lugar mejor. En 2008, agotada por las confrontaciones y dudando sobre la efectividad de muchos de los elementos tradicionales del activismo, Sarah Corbet comenzó a buscar alternativas hasta dar con el craftivismo. Se dio cuenta de que le ofrecía lo que buscaba: una nueva herramienta para ser combativa y desarrollar su activismo. Y en 2009, creó Craftivist Collective, un movimiento con miles de seguidores y miembros por todo el planeta. 

Somos conscientes de que, por más que muchas influencers compartan en sus perfiles sus clases de cerámica, es poco probable que detrás de estas actividades haya un poso reivindicativo. Igual que hay quienes se están aprovechando del movimiento, como Lingua Franca, una marca que atacaba a Donald Trump a través de unos diseños que rondaban los 400 euros. Teniendo en cuenta que en el craftivismo lo importante no es el objeto per se, sino que este sirva para comunicar con creatividad e inteligencia una causa justa, sacar provecho económico de un arma activista resulta cuestionable.

Aunque tradicionalmente se relaciona el craftivismo con las mujeres blancas de clase media, lo cierto es que las mujeres negras han desarrollado un papel activo entre la política y la artesanía desde hace siglos. Por ejemplo, eran mujeres jamaicanas las que se encargaban de coser para los soldados de la Primera y de la Segunda Guerra Mundial… Pero como suele ocurrir con los hilos que componen ese enorme bordado que es la historia, quien los teje, en demasiadas ocasiones, está poco interesado en contar la historia al completo y termina por ocultar partes del bordado final.

El craftivismo nos recuerda que la política no solo ocurre en los parlamentos, sino también en los hogares, en el metro y en las calles.

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