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Crédito: Getty.

Cómo reconocer a una buena jefa: tres señales de nuevo liderazgo que puedes sondear durante una entrevista de trabajo

Hace tiempo que el ordeno y mando dejó de funcionar en los entornos de trabajo. Ahora, se espera que las personas que lideran un equipo sean inspiradoras, honestas y buenas comunicadoras. Si estás buscando trabajo, atenta a las pistas que pueden ayudarte a reconocer quién puede ser una buena jefa. Y quién no.

Elena de los Ríos

Se aceleran los cambios en el liderazgo de equipos, no solo en las grandes compañías con políticas de recursos humanos muy conscientes, sino también en medianas y pequeñas empresas. Las personas al frente han de adaptarse a tiempos de crisis, no solo porque el shock de la pandemia aún produce réplicas en las economías, sino por la nueva inestabilidad europea debido a la guerra de Rusia con Ucrania. La incertidumbre es máxima y los jefes deben guiar a sus empleados con sensibilidad para superar los meses que vienen. ¿Cómo reconocemos a una jefa capaz de hacerlo? La nueva consigna es clara: aquella que ha dejado atrás el estilo autoritario para implementar el modelo 'coach'.

Los datos no engañan: según una encuesta del instituto de estudios estadounidense Gallup, un 71% de los líderes empresariales afirman que empleados felices, motivados y comprometidos son imprescindibles para que cualquier compañía tenga éxito. De hecho, pueden marcar la diferencia con hasta un 21% más de rentabilidad. El ordeno y mando ya no funciona a la hora de lograr que los equipos se mantengan felizmente productivos, mucho menos en el contexto de la Gran Renuncia que asola el mercado norteamericano (cientos de miles de personas han dejado sus puestos de trabajo por frustración, burn out o aburrimiento). Los nuevos líderes han de ser inspiradores, motivadores, buenos comunicadores y, sobre todo, honestos.

¿Cómo reconocer a una buena jefa, a una jefa que ha actualizado su manual de estilo y se ha adaptado a las nuevas exigencias en los equipos? Tres señales nos pueden ayudar. Una buena jefa sabe del síndrome del rey desnudo: evita a mandos intermedios que no le cuestionan ni son críticos, pues sabe de la necesidad de asumir una lógica transformacional.

Una segunda señal: admite sus errores, los comparte con el equipo y se conduce con honestidad y transparencia, pues ocultar datos,  esconder  conflictos o  endulzar  fallas solo lleva a la desconfianza. Por último, una buena jefa cede el papel protagonista al equipo, el primero que toma la palabra y ante el que mantiene una actitud de escucha activa. Además, estimula la discusión y es capaz de promover acuerdos.  No toma las decisiones en solitario, sino que guía a su equipo para que las tomen entre todos.  

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