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By WomenNow

11, Febrero, 2022

Crédito: Getty.

Cómo evitar las sorpresas desagradables a la hora de pedir la cuenta en un restaurante

Llega la factura y con ella, el disgusto. O el desacuerdo con el precio de una botella de vino, un plato fuera de carta o un cargo abusivo. Puede ocurrir tanto en los establecimientos de lujo como en los restaurantes más modestos. Te explicamos cómo evitarlo.

Elena de los Ríos

No hacemos más que proponerte planes gastronómicos sugerentes: desde restaurantes anti-minimilistas (y pro Instagram) a locales urbanistas de carta y decoración tropicales o restaurantes con Estrella Michelín en pequeños pueblos con encanto. Pero una cosa es disfrutar de la experiencia y otra muy diferente, pagar la cuenta. Y no siempre es la limitación de presupuesto lo que nos lleva a enfadarnos cuando llega el momento de pagar en un restaurante. También sucede que nos molesta, y mucho, sentirnos de alguna manera engañados, ya sea por desconocimiento, por falta de información o porque realmente no ha existido claridad suficiente en la transacción. Sea cual sea la suma de dinero, si tenemos la impresión de que se nos han escapado los detalles podemos terminar la comida con un buen nubarrón mental. Por eso, los mejores restaurantes informan en sus webs de los precios de los menús, platos y bodega. Para que, antes de reservar, el cliente tenga claro hasta dónde puede llegar su factura.

La falta de información adecuada sobre los precios, si las cartas no son claras o no se anuncian cargos invisibles, son factores que anuncian tormenta con los clientes, más en establecimientos muy turísticos que en restaurantes de un cierto nivel. ¿Podemos hacer algo para evitarlos? En principio, no: imposible prever que un propietario decida utilizar subterfugios para aumentar sus beneficios. Podemos, sin embargo, dejar constancia de nuestra queja en el libro de reclamaciones si el precio cobrado no es el anunciado, si se intentan pasar cargos improcedentes (por ejemplo, el servicio de lavandería) o si se venden como merluza fresca la que es congelada.

Sí podemos, como clientes, tener claro qué derechos tenemos cuando entramos en un establecimiento hostelero. Según la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), los precios deben publicitarse claramente, siempre con el IVA incluido y con referencia explícita a todos los extras que pueda cobrarse (por el servicio en la terraza, el pan o, incluso, el descorche de una botella).

Para la OCU, cobrar un extra por un cubito de hielo en el café, por ejemplo, "es tan abusivo como si te cobraran por usar la vajilla". Pero, en cualquier caso, si el establecimiento lo decide, debe indicar en la carta el coste del producto con y sin hielo. Tampoco tenemos porqué conformarnos con el precio "según mercado" o con la cantidad que cante de viva voz un camarero cuando nos informa de los platos fuera de carta. Y si nos lo imponen, podemos negociar un precio equivalente a otro producto de la carta o, en último extremo, negarnos a pagarlo. Tenemos las de ganar.

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