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¡Fuera estrés! 7 escapadas naturales cerca de casa para practicar baños de bosque y olvidarte de la oficina

Los baños de bosque, también denominados 'shinrin-yoku', es una práctica importada de Japón. Su objetivo es que entremos en contacto profundo con la naturaleza para acabar con la ansiedad. Pero no hace falta marcharse muy lejos para practicarlo: olvídate del correo electrónico y las llamadas a deshoras en estos bosques cercanos a la ciudad. Son ideales para una escapada a la naturaleza en los festivos que vienen.

Sergio Muñoz

Llevamos un año de pandemia y la fatiga, el estrés, el insomnio y la ansiedad (aquí tienes el método definitivo para vencerla) se han convertido en habituales compañeros de vida. Las autoridades sanitarias alertan de que las enfermedades mentales se han disparado con la crisis sanitaria. Aunque es normal sentirse abatido, estresado e inseguro ante un porvenir incierto, es imprescindible no tirar la toalla y cuidar de nuestro cuerpo y nuestra mente en la medida de lo posible. Alimentarse bien, hablar de cómo nos sentimos, buscar ayuda profesional si la necesitamos, encontrar momentos de desconexión y practicar ejercicio físico son algunos de los consejos que dan las autoridades sanitarias para que podamos mantener el equilibrio en estas circunstancias adversas. Y quizá, también, es el momento de volver a la naturaleza. Te lo dice la sabiduría japonesa.

El 'shinrin-yoku' o baño de bosque nació en la década de 1980 en Japón como una medida para reducir el estrés creciente de los trabajadores nipones. Su impulsor fue Akiyama Tomohide, director de la Agencia Forestal de Japón. Aunque el concepto como tal es relativamente reciente, el 'shinrin-yoku' tiene su base en filosofías milenarias como el budismo y el sintoísmo y hunde sus raíces en la práctica de la meditación. Porque el baño de bosque no consiste únicamente en dar un paseo por el campo: es imprescindible sumergirse en el bosque con los cinco sentidos, fundirse emocionalmente con el paisaje. Debemos despertar nuestra atención plena, reducir la velocidad de nuestros pasos y escuchar cómo cantan los pájaros, cómo huelen las hojas de los pinos, cómo el viento acaricia nuestro pelo, cómo es el tacto de la corteza de un árbol, cómo corre un arroyo... Eso implica, por supuesto, tener el móvil apagado o, incluso, dejarlo en el coche. Además de relajarte, podrás hacer un poco de 'detox digital'.

Los defensores de los baños de bosque aseguran que esta práctica reduce la presión arterial, refuerza el sistema inmunológico y baja los niveles de la hormona del estrés (cortisol). Existen diversas asociaciones que se dedican a promocionar el 'shinrin-yoku' y hasta permiten conseguir la certificación para convertirte en guía, como 'Forest Thrapy Insitute', fundada por Alex Gesse. Este catalán es también coautor, junto a Gorka Altuna, del libro 'Baños de bosque. 50 rutas para sentir la naturaleza' (Alhenamedia), la primera guía de este tipo publicada en España.

Por supuesto, no es necesario marcharse hasta los maravillosos bosques de la prefectura de Nagano para practicar el 'shinrin-yoku'. A unos pocos kilómetros de nuestras ciudades tenemos bosques maravillosos en los que sumergirnos para disolver el estrés. Perfectos para esta época de limitaciones de la movilidad. Aquí van algunos de ellos.

1. Secuoyas en Cantabria

A poco más de media hora de Santander encontramos un bosque habitado por gigantes. El Monumento Natural de las Secuoyas del Monte Cabezón, en las inmediaciones de la localidad de Cabezón de la Sal, se elevan más de 800 ejemplares de estos enormes árboles muy poco comunes en España. La mayoría supera los 36 metros de alto y los 1,5 metros de grosor.

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2. El ártico madrileño

A una hora en coche de la capital podemos sumergirnos en un paisaje más propio de los países del norte de Europa que de España. Es el Bosque de Finlandia, formado por abetos, chopos y abedules en la localidad de Rascafría. Se llega a él a través del famoso Puente del Perdón, situado frente al Monasterio de El Paular. El embarcadero sobre el río Lozoya es perfecto para hacer una parada y escuchar el silencio.

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3. Tras el rastro de los Neandertales

En las inmediaciones de Xátiva, a una hora en coche de Valencia capital, se extiende el paraje natural de la Cova Negra. Es un profundo valle lleno de vegetación con una maravillosa ruta que discurre paralela al río Albaida. La Cova Negra de la que recibe su nombre es un importante yacimiento donde se han encontrado restos de los Neandertales.

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4. De las Ramblas a los bosques

Una hora de coche separa el centro de Barcelona del Parque Natural del Montseny, declarado reserva de la biosfera. Cuenta con infinidad de rutas, aunque algunas de ellas están muy frecuentadas por ser un lugar tan cercano a la ciudad. Para desconectar, te recomendamos la que va desde el pueblo de Arbúcies al Pantano de Santa Fé, atravesando preciosos castañares.

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5. A través del bosque encantado

Los troncos retorcidos y cubiertos de musgo, el cauce serpenteante del arroyo Zubizabala y la penumbra misteriosa convierten el Hayedo de Otzarreta en uno de los bosques más bonitos que puedas encontrarte. Es una de las paradas imprescindibles en el Parque Natural de Gorbeia, a solo 50 minutos de Bilbao.

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6. El corazón verde de Galicia

Las Fragas del Eume es uno de esos paraísos de infinitos verdes que atesora el interior Galicia. Es el bosque atlántico de ribera mejor conservado de Europa y un oasis de paz a solo 45 minutos de la ciudad de A Coruña. El camino de pescadores que lleva hasta el monasterio de Caaveiro, enclavado en medio del bosque, es una verdadera delicia para los sentidos.

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7. La selva andaluza

Situado, aproximadamente, a 2 horas en coche de las ciudades de Cádiz y Málaga, el Parque Natural de la Sierra de Grazalema ofrece un dato que no te esperarías en las latitudes andaluzas: es el lugar donde más llueve de la Península Ibérica. Esto se debe a que la cordillera hace de muro infranqueable de los vientos que llegan desde el mar. El paisaje, como imaginarás, está cubierto de maravillosos bosques como el Pinsapar. Para entrar a este bosque de pinsapos (una especie muy rara de abeto) es necesario pedir un permiso.

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