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Jerrie Cobb, Rhea Hurrle y Wally Funk en una foto de archivo. Foto: Getty. Montaje: WomenNOW.

La astronauta Wally Funk y las otras pioneras del Mercury 13 que no fueron a la luna (pero sí tienen un documental en Netflix)

Con su vuelo al espacio, la astronauta Wally Funk ha logrado "venga" a las integrantes del programa Mercury 13, que en los años 60 se entrenaron para viajar al espacio, pero a las que la NASA decidió apartar de la carrera espacial. Su historia inspiró un documental de Netflix.

Ixone Díaz

Apenas fueron 11 minutos. Lo justo para que la New Shepard despegara, alcanzara los 100 kilómetros de altura y sus tripulantes experimentaran cuatro minutos de ingravidez antes de aterrizar en el desierto de Texas. Así fue el primer viaje espacial tripulado de Blue Origin en el que además de Jeff Bezos, dueño de la compañía y el hombre más rico del planeta, y de su hermano Mark, viajaron al espacio Oliver Daemen, la persona más joven en hacerlo, y Wally Funk, la astronauta más veterana de la historia de la exploración espacial. Su hazaña es también la de las otras 12 integrantes del programa Mercury 13, que en los años 60 testó la capacidad de las mujeres para viajar al espacio, aunque después la NASA descartó enviarlas por considerar que solo los hombres estaban preparados para completar una misión lejos de la Tierra. En 2018, Netflix les dedicó un fascinante documental. 

A principios de los 60, la carrera espacial marcaba la tensión geopolítica entre Rusia y Estados Unidos. Para mandar al primer estadounidense al espacio, la NASA confió en el doctor William Randolph "Randy" Lovelace, encargado de desarrollar las pruebas físicas y psicológicas que determinarían qué candidatos del programa oficial de la agencia Mercury 7 terminarían convirtiéndose en los primeros astronautas estadounidenses. Pero además de su trabajo oficial para la NASA, Lovelace puso en marcha un programa privado y semiclandestino para testar a un grupo de mujeres en las mismas pruebas que debían superar aquellos hombres. Así nació Mercury 13. Amigo personal de la famoso piloto de los años 30  Jacqueline Cochran, Lovelace estaba convencido de que las mujeres también podían (y debían) viajar al espacio. 

En 1960, la primera aspirante que se sometió a la pruebas de Lovelace fue la legendaria aviadora norteamericana Jerrie Cobb, que completó las tres fases de entrenamientos y cuyo rendimiento superó al de la mayoría de los candidatos masculinos del programa Mercury 7. Las pruebas incluían exámenes físicos y psicológicos exhaustivos (desde exploraciones ginecológicas hasta encefalogramas), pero también tests de aislamiento y simulaciones. Además de Cobb y Funk, por el programa Mercury 13 pasaron Myrtle Cagle, Janet Dietrich, Marion Dietrich, Sarah Gorelick, Jane "Janey" Briggs Hart, Jean Hixson, Rhea Woltman, Gene Nora Stumbough, Irene Leverton, Jerri Sloan y Bernice Steadman.

Todas eran pilotos experimentadas y soñaban con viajar a la luna. Sin embargo, la NASA no contemplaba enviar a ninguna mujer al espacio y no quiso financiar la iniciativa de Lovelace. Después de que el programa fuera cancelado y de que Rusia mandara a la primera mujer (Valentina Tereshkova) al espacio en 1963, Cobb continuó su lucha para que las mujeres conquistaran su derecho de participar en la carrera espacial. Aunque llevó su reivindicación hasta el Congreso de Estados Unidos alegando discriminación por razón de sexo, ni los políticos ni la prensa atendieron su causa. Cuestionada en una entrevista sobre "la necesidad" de enviar a mujeres al espacio, Cobb contestó: "La misma necesidad que enviar a los hombres. Si vamos a enviar a un ser humano al espacio, deberíamos enviar al más cualificado". 

Tuvieron que pasar dos décadas hasta que la primera mujer norteamericana (Sally Ride) viajó al espacio en 1983. La propia Hillary Clinton ha contado cómo siendo una adolescente escribió una carta a la NASA para interesarse sobre cuál era el proceso para convertirse en astronauta. No aceptaban mujeres, le contestaron sin ofrecer más explicaciones ni argumentos. 

Ahora, Wally Funk ha cumplido, a sus 82 años, el sueño de toda una generación, mientras las astronautas estadounidenses más jóvenes, como Christina Koch, aspiran a pisar, por fin, la superficie de la luna. 

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