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By WomenNow

5, Octubre, 2021

Crédito: Getty.

Anita Hill, la víctima de acoso sexual a la que Joe Biden tardó 28 años en pedir disculpas

En 1991, el caso de Anita Hill se convirtió en el paradigma de la culpabilización de las víctimas de acoso sexual. Convertida en un icono del movimiento feminista, Hill publica ahora un libro sobre su lucha y recuerda que las disculpas con retraso de Joe Biden siguen siendo insuficientes.

Ixone Díaz

Unas horas antes de anunciar su candidatura a las primarias demócratas en 2019, Joe Biden hizo una llamada que llevaba años retrasando. En concreto, 28 años. Pero si quería ser el próximo inquilino de la Casa Blanca, sabía que no podía demorarlo más. Al otro lado del teléfono, Anita Hill, la abogada que en 1991 acusó al juez Clarence Thomas, aspirante a un asiento en el Supremo, de acoso sexual y que fue sometida a un terrible interrogatorio por parte del Comité de Justicia del Senado de Estados Unidos, que entonces presidía Biden.

El caso de Hill se convirtió en el paradigma de la culpabilización de las víctimas. Ahora, la abogada y profesora -convertida en un icono de la lucha feminista como Gloria Allred o Gloria Steinem-publica un libro, 'Believing: Our Thirty-Year Journey to End Gender Violence Violence', sobre su cruzada contra la violencia de género mientras insiste que las disculpas del presidente de Estados Unidos no solo llegaron tarde, sino que fueron absolutamente insuficientes. El cambio, explica Hill, debe ser sistémico.

"No puedo quedar satisfecha con que me diga simplemente ‘Siento lo que te pasó'. Solo estaré satisfecha cuando sepa que hay un cambio real, una verdadera rendición de cuentas y un verdadero propósito", explicó Hill, profesora de Política Social y Derecho en la Universidad de Brandeis, en una entrevista con The New York Times de 2019.

Hill, que creció en una familia pobre de Oklahoma y era la más pequeña de 13 hermanos, fue una  estudiante aplicada que, pese a la falta de recursos, terminó estudiando Derecho en Yale. Después de graduarse, trabajó durante dos años como asistente del juez ultraconservador Clarence Thomas en el Departamento de Educación y en la Comisión de Igualdad de Oportunidades en el Empleo. Pero ante las constantes presiones de él para que salieran juntos y después de aguantar comentarios sobre pornografía, el tamaño de su pene o los pechos de otras mujeres, Hill terminó dejando el trabajo. Cuando en 1991 Thomas fue nominado por George Bush padre a un asiento en el Tribunal Supremo y una entrevista de Hill con el FBI se filtró a la prensa, empezó su calvario.

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Ambra Battilana, la primera mujer que denunció a Harvey Weinstein

En aquel comité que presidió Biden (y que estaba exclusivamente integrado por hombres) Hill fue interrogada y hostigada durante horas. Le preguntaron si tenía "complejo de mártir", si era una "mujer despechada" o si le parecía justo juzgar a un hombre por su comportamiento de hace una década. La acusaron de ser "inestable" y se negaron a escuchar el testimonio de otra ex empleada de Thomas con una experiencia similar a la suya. Y llegaron a leer en alto pasajes de 'El exorcista' como testimonio de su carácter.

El caso llenó horas de televisión, ocupó portadas y dividió al país. Pero mientras Thomas fue finalmente confirmado en el puesto por un estrecho margen de votos, Hill se convirtió en un icono feminista y en un símbolo de la lucha contra el acoso sexual. Al año siguiente, las demandas por acoso sexual crecieron un 50 por ciento en Estados Unidos.

Tres décadas más tarde, Anita Hill sigue siendo un referente. Su caso regresó al escaparate mediático cuando, en 2018, la profesora Christine Blasey Ford acusó al aspirante al Supremo Brett Kavanaugh de acoso sexual provocando un auténtico terremoto político y social en Estados Unidos.

En su nuevo libro, Hill explora las razones por las que la violencia de género y la desigualdad persisten en nuestra sociedad y en por qué, tres décadas más tarde, los departamentos de policía y los juzgados siguen fracasando en la gestión de este tipo de casos como demuestran ejemplos tan flagrantes como el de Ambra Battilana, la primera mujer que denunció a Harvey Weinstein y cuyo testimonio fue desestimado por la fiscalía dos años antes de que estallara el #MeToo.

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