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'Anatomía de un escándalo'. Foto: Netflix.

'Anatomía de un escándalo': ¿por qué la adictiva serie de Netflix sobre el MeToo ha sido vapuleada sin piedad por la crítica?

Creada por el 'showrunner' David E. Kelly y protagonizada por Sienna Miller y Rupert Friend, 'Anatomía de un escándalo' ya es una de las series más vistas de Netflix. Pero su éxito comercial y su forma de abordar el MeToo no han convencido a la prensa especializada. Todo lo contrario.

Ixone Díaz

Se estrenó hace solo cuatro días y ya ocupa la lista de los contenidos más vistos de la plataforma de streaming. A mitad de camino entre el drama judicial y el thriller político y sexual, 'Anatomía de un escándalo' aterrizaba en Netflix con la promesa de abordar todos los temas que el MeToo puso sobre la mesa hace un lustro: desde los abusos sexuales y el debate sobre el consentimiento en las relaciones íntimas hasta la masculinidad tóxica y la manera en la que, durante décadas, los hombres más poderosos del mundo han ejercido su influencia con total impunidad. Pero las expectativas sobre la adaptación del best seller de  Sarah Vaughan en miniserie de seis capítulos no han cristalizado en una buena acogida de la crítica especializada. Más bien al contrario. ¿Por qué?

Creada por David E. Kelly (propietario de 11 premios Emmy y responsable de 'Big Little Lies', 'Chicago Hope' o 'Ally McBeal') y Melissa James Gibson (House of Cards) la trama no es nada que no hayamos visto antes en la pequeña o la gran pantalla. Político de altos vuelos con buena planta y mejor proyección (interpretado por Rupert Friend) lleva una vida aparentemente perfecta junto a su mujer (Siena Miller) y sus dos hijos en un barrio privilegiado, esta vez de Londres. Todo estalla por los aires cuando se hace público que mantuvo una relación sentimental de cinco meses con una trabajadora del parlamento (Naomi Scott). Mientras él gestiona la crisis y su mujer trata de defender lo indefendible, los detalles de la infidelidad (como sus encuentros sexuales en el ascensor del parlamento) empiezan a filtrarse a la prensa. Todo se complica (y aquí viene el spoiler) cuando el escándalo deriva en una denuncia por violación y el caso termina en los tribunales.

Aunque la serie tiene todos y cada uno de los elementos que E.Kelly ha demostrado dominar en anteriores ocasiones (clases privilegiadas, existencias solo aparentemente idílicas, mujeres ricas, hombres siniestros y una explosiva mezcla de escándalo y crimen) la ficción no ha conseguido convencer a los críticos. Los titulares no pueden ser más contundentes y menos benévolos. The Guardian: "Ninguno de los personajes habla como un ser humano". The Daily Beast: "Anatomía de un escándalo' es una absurda historia del MeToo". En el diario Abc Salvador Sostres escribe: "He visto 'Anatomía de un escándalo' (Netflix). Es una miniserie pedante, estúpida y equivocada. Pretende demostrar una tesis y consigue lo contrario". Y así una (mala) crítica detrás de otra. ¿Cuál es el problema?

Por un lado, muchos especialistas coinciden en que E. Kelly no ha encontrado la tecla a la hora de explorar la relación entre el poder, la manipulación y el consentimiento y aborda con demasiada ligereza y escaso acierto el problema de las agresiones sexuales y la denuncias de violación. Pero si el fondo no convence, la forma tampoco. Acusada de abusar de los efectos visuales, una de las escenas de su primer capítulo ya se ha hecho viral. Las risas del tuitero Ali Arikan, que la califica de "espantosa y desternillante" a partes iguales, lo dicen todo. Y nada es bueno.

Y pese a eso, y aunque en principio se anunció como una serie limitada de la plataforma de streaming, ya se especula sobre una segunda temporada. Pero con matices. Según Deadline, la intención de sus creadores es que cada temporada diseccione un escándalo diferente. 

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