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Foto Getty.

Tres cruzadas feministas para el siglo XXI: violencia en el metaverso, sesgos algorítmicos y sexismo STEM

Con el auge de la digitalización las reivindicaciones feministas amplían su alcance e incluyen espacios como el metaverso, donde ya se producen ataques machistas, y nuevos desafíos como combatir los algoritmos con sesgo de género.

Elena de los Ríos

Las violencias machistas y la precariedad volverán a ser, un año más, los argumentos más subrayados por las mujeres en el 8 de marzo, un recordatorio de los mínimos avances que experimentan nuestras sociedades a pesar de los esfuerzos institucionales. El diagnóstico del momento, fiel al movimiento pendular que recorre la reivindicación feminista en occidente, es el de backlash: el temido retroceso. Pero por mucho que las circunstancias pidan atrincherarse en los mínimos, a la agenda del 8M no le queda más remedio que avanzar. Tres objetivos tienen que integrarse en el libro de reclamaciones de las mujeres, todos relacionados con la acelerada digitalización que estamos experimentando.

1. Violencias en el metaverso

La más que documentada violencia contra las mujeres en las redes sociales y otros espacios de socialización digital (por ejemplo, los videojuegos) avanza en el metaverso, la realidad virtual paralela en la que, en breve, nos desdoblaremos en mayor o menor medida. Varias mujeres, alguna de ellas investigadoras académicas, han denunciado ya acoso sexual y violación de sus avatares en la universo virtual de Meta, la compañía de Mark Zuckerberg. Parece que los moderadores de estos espacios no toman medidas ante estas violencias, lo que ha llevado a las usuarias a pedir la implementación de una burbuja de seguridad alrededor de sus avatares, cosa que se ha conseguido recientemente.

2. Sesgos algorítmicos

La aparente neutralidad de la ciencia de datos, amurallada tras el aval tecno-científico de la inteligencia artificial, convierte en una heroicidad la crítica feminista al algoritmo. Sin embargo, los algoritmos no son más que fórmulas matemáticas escritas por personas (mayoritariamente hombres) que imprimen en ellas sus sesgos y alimentadas por datos que provienen de estadísticas, también 'contaminadas' por el sexismo y la discriminación. "Tienen la capacidad de hacernos retroceder décadas en paridad de género", ha explicado Susan Leavy, investigadora de la University College Dublin. "Pueden exacerbar la masculinidad tóxica y las actitudes que hemos estado combatiendo durante décadas".

Los algoritmos van aprendiendo de los datos que recogen de la realidad, datos que están de partida sesgados por sobrerepresentar a determinadas poblaciones (no a las mujeres, mucho menos a las mujeres de color). Eso explica que Facebook haya publicado anuncios de trabajo bien pagados para hombres blancos, mientras que a las mujeres y a las personas de color se les proponía empleos de peor calidad. Amazon también tuvo que eliminar su algoritmo de selección de personal porque mostraba un fuerte sesgo de género, penalizando los currículos que contenían la palabra mujer.

3. Sexismo en las carreras STEM

Hace una década, se advertía de que el trabajo del futuro estaría, sobre todo, en el área STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). Pues bien: el futuro ya es presente y el Instituto de la Ingeniería de España alerta de que en 2021 se han dejado de cubrir 10.000 puestos de trabajo STEM por falta de perfiles cualificados. Podrían ser para las mujeres, pero estas no acceden a las ingenierías: desde hace años, el porcentaje de mujeres estudiantes está estancado en un 21,5%. Nuria Oliver, uno de los referentes femeninos en inteligencia artificial e ingeniera en Telecomunicaciones, subraya la paulatina desaparición de las estudiantes en informática y las ingenierías más cercanas a esta área del conocimiento.

"Son las únicas carreras en las que el porcentaje de chicas ha ido disminuyendo desde los años 80. Tenemos dificultad para atraer al talento joven femenino a este tipo de carreras, incluso sabiendo que son las que más futuro y demanda tienen porque son versátiles y transversales", señala. El androcentrismo del sector y la falta de referentes femeninos no ayuda a revertir la tendencia.

"Tenemos una cultura excesivamente misógina y sexista en muchos ámbitos del sector tecnológico, lo que llaman la cultura programmer. De hecho, existe un porcentaje muy elevado de mujeres que abandona el sector después de haber superado todas las barreras (estudiar la carrera, empezar a trabajar...) y lo hace, precisamente, por esta cultura".

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